16 noviembre 2009

Recuerdo en negro y amarillo

Fue el último club en entrar en la elitista nómina de ganadores de la Copa de Europa. Quizá por eso muchos tendremos para siempre en el recuerdo al Borussia Dortmund. A fuerza de vivir noches europeas, durante aquella temporada 1996/97, con el fulgor del amarillo chillón como paisaje de fondo, a uno se le quedaron fijados de forma y manera indeleble los Stefan Klos, Andy Möller, Jürgen Kohler, Matthias Sammer, Lars Ricken o Stéphane Chapuisat.

Aquel formidable equipo que consiguiera, contra todo pronóstico, imponerse a la Juventus de Zidane, Vieri o Deschamps en la recordada final del Olympiastadion muniqués, fue flor de un día. Su efímero éxito pronto derivó en un gris peregrinar por la Bundesliga que, salvo ocasiones puntuales, como el campeonato de 2001 o el subcampeonato de la Copa de la UEFA de 2002, apenas ha tenido momentos destacables. Lo que parecía ser el principio de un reinado, el advenimiento de un nuevo club dentro del club de los poderosos europeos, quedó finalmente en un feliz capítulo inconcluso y sin continuidad.

Desde su último título en la Bundesliga, el antaño poderoso conjunto de la cuenca del Ruhr no ha vuelto a estar metido en la lucha por el campeonato. Tampoco ha tenido presencia destacable en el continente. Ni siquiera han pasado por sus filas jugadores de renombre internacional, más allá de los Rosicky, Metzelder o Sebastian Kehl.

Las penurias económicas comenzaron a apretar al equipo a principios de década. El siempre fiel graderío del impresionante Westfalenstadion (hoy Signal Iduna Park, por aquello de los patrocinios y los ingresos extra) admitió que, por nivel económico, tardarían mucho tiempo en volver a saborear las mieles del éxito continental.

Con doce jornadas disputadas en la Bundesliga, el Borussia sigue anclado, como en los últimos años, en mitad de la tabla. En zona de nadie. Ni frío ni calor. Y nada parece que vaya a cambiar. Ni Nuri Sahin, ni Mohamed Zidan ni el goleador argentino Lucas Barrios, llegado este año desde Colo-Colo, parecen capaces de dejar en el olvido a la fenomenal hornada del 97. Tampoco la mano de Jürgen Klopp, el técnico del milagro en el Mainz, parece notarse en exceso.

El admirado rodillo futbolístico, tan propio de la escuela tradicional alemana, exhibido a mediados de la década de los 90 queda ya muy lejos, como una laguna en el recuerdo. Un recuerdo nítido y agradable. Un recuerdo en amarillo chillón y negro.

15 noviembre 2009