12 noviembre 2010

Un gran documental



Hay que ver este pedazo de documental extraordinario llamado “Once brothers” que emite la ESPN y que trata sobre las relaciones de amistad rotas por culpa de la guerra en la ant铆gua Yugoslavia.

Amistad en el deporte y sobre todo se centra en la relaci贸n entre dos de los mejores jugadores yugoslavos de todos los tiempos.

La cinta pone de manifiesto la hermandad que viv铆an estos dos jugadores que sobrepasaba de largo la amistad. El 煤nico problema es que uno, Drazen, era croata y el otro, Vlado, era serbio. La tierna historia que hab铆an vivido desde ni帽os se rompe en verano de 1990 cuando el conflicto era ya inevitable.

La gota que colma el vaso es que en la celebraci贸n del Mundial conseguido en Argentina, Divac arrebata a un aficionado la bandera croata y se la tira al suelo al grito de “la 煤nica bandera es esta” proclamando el s铆mbolo de la Yugoslavia unida.

Ya compart铆an canchas en la NBA, uno en los Lakers, el otro en los Nets, pero en los dos enfrentamientos de aquel a帽o, ya no se saludaron efusivamente y en verano de 1991, ya no se hablaban.

En ese campeonato ocurre un hecho absolutamente significativo.Cosas como esa hicieron que muchos jugadores no tuvieran ni fuerzas ni ganas para volver al combinado, que oficialmente estaba deshecho. En los Juegos Ol铆mpicos de Barcelona Croacia fue la 煤nica representaci贸n balc谩nica.

Divac no entendi贸 la decisi贸n de Petrovic de no volver a hablarle.Parad贸jicamente Drazen iba en autom贸vil porque hab铆a decidido viajar con su pareja en vez de hacerlo en avi贸n como el resto de la selecci贸n croata que iba a disputar el Eurobasket de ese verano en Alemania.

El final del documental pone los pelos de punta. Se ve a Divac visitando la casa de Petrovic donde le reciben la madre y el hermano, Alexander, tambi茅n jugador y que luego entren贸 a la selecci贸n croata y al Caja San Fernando en Sevilla. Ellos no tienen ning煤n rencor a Vlado, como seguramente no lo tendr铆a Drazen. S贸lo que ser de dos etnias distintas en esa 茅poca caus贸 un terremoto brutal en una relaci贸n que nunca debi贸 romperse.

Incluso a aquellos que consideraban a Petrovic un jugador maleducado, marrullero, antip谩tico. Pero era genial, sublime, uno de los mejores europeos de la historia.