31 octubre 2011

El sabio de Deusto.

En las primeras horas del 27 de octubre falleció en Bilbao, a los 88 años, Juan de Churruca Arellano, figura emblemática de la Universidad de Deusto y uno de los romanistas españoles de mayor talla intelectual del siglo XX. Juan de Churruca nació en el seno de una de las más ilustres familias vizcaínas. Su formación fue completísima: era licenciado en Filología clásica (Salamanca), en Filosofía (Oña), en Derecho (Valladolid) y en Teología (Innsbruck).

Con 38 años de edad fue nombrado rector de la Universidad de Deusto. Al recibir el nombramiento se fijó como prioridad el que la Universidad, que contaba entonces casi tres cuartos de siglo de existencia, obtuviera el reconocimiento oficial, cosa que logró en muy pocos meses. Con él se produjo, pues, el giro decisivo de lo que hoy es la Universidad de Deusto, incluyendo también la colocación de la primera piedra de la sede en San Sebastián. Poco después solicitó su relevo como rector y fue nombrado presidente académico de la Universidad -cargo creado para él y que nadie más ha desempeñado-, justo en la antesala del profundo cambio que experimentaría su vida.

Aunque sus primeros contactos con el derecho romano se habían producido en la Universidad de Graz durante los años 50, su derivación romanística como investigador fue tardía, pues no comenzó hasta 1964, cuando inició su tesis doctoral bajo la dirección de José Arias Ramos y José Antonio Rubio Sacristán. Versaba sobre las Instituciones de Gayo en san Isidoro de Sevilla, trabajo de plena madurez que abrió una cadena de estudios personales sobre la «vertiente jurídica isidoriana». Su posterior reincorporación a la Universidad de Deusto a comienzos de los 70, tras su matrimonio con Marita, coincidió también con sus primeros estudios de una larga serie sobre lo que habría de constituir lo más típico de su aportación científica. Él mismo vendría a englobarlos bajo la denominación de Cristianismo y derecho romano, un ámbito en el que ha podido verter toda su polifacética y profunda formación. Esos estudios han sido reunidos en dos volúmenes que pueden considerarse como el cenit de su obra científica.

En 1984 fue nombrado decano de la Facultad de Derecho de Deusto, cargo en el que iba a permanecer apenas unos meses, pues de forma sorprendente en un hombre con inequívoca vocación intelectual y que nunca había tenido adscripción partidista de ningún tipo, se vio llamado a la política. En los primeros días de 1985 y en medio de la mayor crisis moderna del PNV, el nuevo lehendakari José Antonio Ardanza se desplazó hasta el domicilio de su antiguo profesor Churruca para pedirle que le acompañase como consejero de Educación. Juan se resistió, pero ante la insistencia accedió con el compromiso de que le «liberase lo antes posible y nunca más allá del final de aquella legislatura», que estaba ya comenzada. Fueron algo más de dos años que Juan recordaba con agrado en el plano humano y con horror en el político.

Juan de Churruca pudo y debió ser catedrático de la Universidad pública española, pero en uno de los tantos desatinos de nuestra reciente historia universitaria nunca lo fue; ello no le impidió la creación de una escuela con identidad propia, que encabezan sus primeras discípulas Rosa Menchaca y Esperanza Osaba. En 2007 le fue concedido el Premio internacional Ursicino Álvarez en su primera edición, con el que se trataba de visualizar que Juan de Churruca era uno de los máximos exponentes de la moderna romanística española. La contenida y memorable intervención en el Colegio Notarial de Madrid tras recibir el premio sería su última aparición pública.

Alguna vez comentó en confianza que tenía la impresión de que su vida pertenecía al ámbito de la épica. Una trayectoria vital -personal y profesional- que recorrió siempre cuesta arriba, como luchando contra un destino adverso; y lo hizo con la fortaleza, el coraje, la grandeza de ánimo, la clase humana, la generosidad y la discreta elegancia con que quizá sólo pueda hacerlo un montañero, como lo era Juan de Churruca.

Juan de Churruca, ex rector de la Universidad de Deusto y ex consejero del Gobierno vasco, nació en Bilbao el 27 de enero de 1923 y falleció en la misma ciudad el 27 de octubre de 2011.

Javier Paricio es catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.

13 octubre 2011

Escudo antiabucheos para Zapatero

Los abucheos sólo se generalizaron una vez concluido el desfile, y su objetivo fueron los coches oficiales que transportaban a las autoridades a la recepción en el Palacio Real, con la esperanza de que detrás de los cristales tintados se escondiera algún ministro o el propio presidente del Gobierno.

Fue el punto y final a una parada militar que sufrió otros cambios, éstos obligados por la reciente operación en el tendón de Aquiles a la que se ha sometido el Rey Juan Carlos, que le impide caminar con normalidad y permanecer de pie tiempos prolongados.

Hubo dos imágenes muy llamativas en este sentido ayer en Neptuno. Una, la de Don Juan Carlos pasando revista a las tropas a bordo de un vehículo militar, mientras le seguía a pie el resto de la Familia Real -que acudió al completo-, el presidente del Gobierno, la ministra de Defensa, la presidenta de la Comunidad de Madrid y el alcalde de la capital, entre otros.

La segunda imagen novedosa fue la de las sillas que se instalaron en la tribuna de autoridades. Realmente, sólo el Rey la necesitaba, pero se decidió que no podía permanecer sentado él solo y se colocaron sillas para todos.

El Rey sí saludó, caminando con ayuda de un bastón, a los presidentes autonómicos, al Gobierno y a los representantes del Ministerio de Defensa, y se levantó en los momentos solemnes del desfile.

En uno de ellos, el homenaje a los caídos, no se acercó con el jefe del Ejecutivo a colocar la corona en honor a los miembros de las Fuerzas Armadas fallecidos en acto de servicio, sino que contempló el acto en pie desde la tribuna.

Tampoco participaron en él familiares de militares fallecidos en el último año, como se había hecho en las últimas ediciones del Día de la Fiesta Nacional. Según explicaron fuentes del Ministerio de Defensa, se ha decidido recientemente que las familias participen en un homenaje a los caídos al año, y se ha elegido el que se realiza en el Día de las Fuerzas Armadas, a finales de mayo.

En el plano político, además de la imagen de Rajoy y Rubalcaba departiendo, llamaba mucho la atención contemplar a los presidentes autonómicos y comprobar la ausencia de representación socialista. Fruto de las elecciones autonómicas del pasado mayo, los populares dominaban por mayoría absoluta -muchos, como Cospedal, Fabra, Rudi o Monago, se estrenaban en un 12 de Octubre como líderes regionales-, mientras que la ausencia de los dos únicos presidentes socialistas, el vasco Patxi López, y el andaluz, José Antonio Griñán, dejaba a su partido de vacío. Sólo Álvarez-Cascos (Foro Asturias) y Yolanda Barcina (UPN) rompían el monopolio del PP.

En las filas del Gobierno hubo asistencia mayoritaria -a pesar de una llamativa silla vacía en la tribuna de oradores que delataba una ausencia de última hora-, aunque faltaron cinco ministros: José Blanco -que alegó motivos familiares-, Ramón Jáuregui, Leire Pajín, Valeriano Gómez y Rosa Aguilar.

El paquete final fue un desfile de la Fiesta Nacional atípico en su planteamiento y en su desarrollo, con nuevo recorrido y medios modestos, pero que para la mayoría del público dejó los mismos momentos de siempre, cabra de la Legión incluida. Y para Defensa, recuérdese, satisfacción por el éxito del escudo antiabucheos.