01 enero 2012

El ocaso de los mafiosos

Puede que haya que darle las gracias a David Gunn, el director del metro de Nueva York que se empeñó en borrar el grafiti de los vagones. O al agresivo Rudolph Giuliani y su tolerancia cero con los carteristas. O a su sucesor como alcalde, Michael Bloomberg, por la persecución de las pistolas. O tal vez a Starbucks y a la legalización del aborto.

Ni la policía ni los sociólogos se ponen de acuerdo sobre las causas exactas del descenso radical del crimen en Nueva York. Pero esta década ha sido la más segura para la ciudad que hace 10 años vivió el atentado más sangriento de la Historia de Estados Unidos.

Con un pasado violento en el que las bandas se acuchillaban a principios del XIX en Five Points, el barrizal del sur de Manhattan recreado en Gangs of New York, Nueva York ha tenido una historia de crimen sostenido, desde la mafia hasta los disturbios en los 60 y 70 por la guerra, la homofobia o los apagones.

La ciudad donde en 1992 fueron asesinadas 2.154 personas y se cometieron más de 600.000 crímenes graves se considera ahora la más segura entre las grandes urbes de Estados Unidos. Este año ha habido 502 homicidios (la cifra más baja fue en 2009, con 471) y el crimen ha descendido un 34% desde 2001. En Central Park se han denunciado 17 robos frente a los 37 de 2001 o a los 731 de 1981. El último homicidio en el parque fue en 2002.

Bloomberg anunció el miércoles que con 2011 termina la década con menos crimen desde que se clasifican los delitos. «La reducción del crimen en Nueva York es de Guinness. No se ha visto en ningún otro sitio del mundo desarrollado», dijo a su lado Raymond Kelly, el director de la policía. El profesor Franklin Zimring, que acaba de publicar The City that Became Safe, asegura que éste es un caso único: «En Nueva York, la bajada del crimen ha durado el doble que en el resto de Estados Unidos, donde el descenso terminó en 2000», explica.

Bloomberg atribuye la seguridad a las acciones policiales, como el sistema de coordinación y seguimiento geográfico del crimen. Pero hasta los propios agentes cuestionan sus efectos y, según un estudio con policías jubilados, se han falseado datos en el pasado por la presión política.

Según el economista Steven Levitt, el descenso del crimen se debe, sobre todo, al cambio demográfico por la legalización del aborto, que impidió alimentar una nueva generación nacida en circunstancias problemáticas y favoreció el descenso de la población entre los 16 y 24 años, la franja de edad media de los delincuentes más comunes.

En cambio, el ensayista Malcolm Gladwell sostiene en La clave del éxito que la bajada se debió a pequeñas acciones, como la detención de líderes clave y la limpieza del entorno. Gladwell apoya la teoría de la ventana rota que se empezó a aplicar en Nueva York entre los 80 y los 90. Es decir si un síntoma de dejadez como una ventana rota contagia la decadencia de un barrio, la espiral se evitará con un simple cristal.

Eso hizo durante casi una década David Gunn, el director del metro de la ciudad, al obsesionarse con limpiar los grafitis pese a ser una batalla impopular frente a los miles de homicidios. «El grafiti era el símbolo del colapso del sistema», explica Gunn. El cuidado urbano ha sido estudiado junto al efecto Starbucks. La cadena de cafés se identifica con la mejoría de un barrio y supone una forma de control gracias a los ventanales que dirigen la mirada de los clientes hacia la calle.

«Ésta es una ciudad diferente. Pero el cambio más grande ha sido en el crimen», dice el profesor Zimring. Para los que se quejan de que Nueva York ha perdido su alma, él recuerda que el crimen ha bajado en los barrios que han cambiado, como Times Square, donde Disney ha sustituido a las salas X, pero también en los que no, como Chinatown, donde se siguen vendiendo los mismos relojes de cinco dólares. La diferencia es que ahora cuestan 10.

No hay comentarios:

Publicar un comentario