29 enero 2012

Serrat y Sabina, la nueva versión

Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina regresan con otro disco juntos, La orquesta del Titanic, que se pone a la venta el 7 de febrero y cuenta con una edición limitada en vinilo. La idea nació de Sabina. «Yo tenía cuatro versos de los que nunca pude hacer una canción, que era La orquesta del Titanic, porque me gustaba la idea de que los músicos seguían tocando mientras se hundía todo». Enseguida Serrat encontró una melodía que a Sabina le pareció maravillosa. 

El reencuentro de los dos cantautores tras el disco y la gira de 2007 Dos pájaros de un tiro tuvo que superar la sospecha de que no hay que volver al sitio donde se ha sido feliz. Pero no han repetido la jugada de llevar sus lugartenientes musicales, ahora han afrontado nuevos retos. En esta ocasión, se han puesto en manos de Javier Limón, constructor de un entramado musical en el que ambos parecen sentirse muy cómodos. Hasta Sabina se ha atrevido a cantar en catalán Dolent de mena. 

La personalidad flamenca de Limón se ha puesto de manifiesto con invitados como Antonio Carmona, Sandra Carrasco o los tacones de Belén López. Además, Alejandro Sanz, que introduce una guitarra en Maldito blues. 

Su gira conjunta arranca en marzo en Argentina y seguirá por el Cono Sur. En el verano visita España y vuelve a Centroamérica en otoño, pues ambos, por separado tienen una legión de seguidores en el continente. La respuesta ha sido unánime, sobre todo en países como Bolivia o Puerto Rico, donde no llegó la gira anterior. Los dos compositores siguen atravesando fronteras con sus versos y, por lo que parece, Serrat conoce un montón de restaurantes de la ruta, algo que satisface el paladar de su compañero. Por su parte, Joaquín Sabina ha superado la mala experiencia que tuvo con el argentino Fito Páez y que se puso de manifiesto en su disco Enemigos íntimos. 

Sabina vive un momento máximo de popularidad con el musical basado en sus canciones que sigue en la Gran Vía. El Madrid de Sabina, la Barcelona de Serrat. 

Si Sabina y Serrat son, juntos y por separado, grandes exportadores de versos, sus canciones y sus vidas también provocan la curiosidad de turistas y melómanos. Así, se ha creado un recorrido conocido como El Madrid de Sabina, que comienza en La Mandrágora (Cava Baja, 42), hoy un bar con otro nombre, donde el de Úbeda encontró el camino de la leyenda junto a Javier Krahe y Alberto Pérez. De aquel disco se sabe casi todo, incluido el nombre de la chica que rompió el vaso en mitad de una interpretación. Claro que no todos los fans de Joaquín están satisfechos. «He vivido cinco años al lado de su casa y nunca me lo he encontrado y cada vez que me visita alguien me dice que se lo acaba de cruzar», explica Cris desconsolada. Malasaña fue durante un tiempo un lugar inspirador para Joaquín, copropietario de un local conocido como Elígeme, que fue refugio de cantautores y hoy Taboo. 

La Barcelona de Serrat comienza en la casa de su infancia en el Poble Sec, donde es posible subir la misma cuesta que se describe en Fiesta. El barrio, situado entre Montjuic y el Paralelo, no ofrece grandes atractivos para el turista convencional, pero mantiene el sabor popular y proletario de canciones como La aristocracia del barrio, aunque Joan Manuel ha contado en algunas ocasiones que la inspiración le llegó, por ejemplo, en Lisboa.

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