09 junio 2012

Rita Hayworth salvada por el cine

Bautizada como Margarita Carmen Cansino, llevaba sangre andaluza en sus venas. Su padre, Eduardo Cansino, fue un bailarín oriundo de la pequeña localidad de Castilleja de la Cuesta (Sevilla). Conocido entre sus paisanos por su arte y su buena disposición para la juerga, resultó también una figura paterna que despertó el rencor y el miedo de la actriz hasta el final de sus días. De puertas para afuera, Eduardo formaba con la pequeña y mofletuda Margarita una pareja de baile perfectamente acompasada. Sin embargo esa complicidad se tornaba escabrosa tras las puertas de su hogar. Sus relaciones incestuosas marcarían a la actriz, que nunca llegó a visitar su pueblo, pese a que durante la década de los 50 visitó en más de una ocasión España.

Su familia sevillana siempre la esperó con los brazos abiertos en Castilleja. Allí reside todavía, a sus 94 años, Manuel Rosales Cansino, primo hermano de su padre. Él es el último de sus parientes vivo tras la muerte hace unos meses de su hermana Carmen. «Si la hubiera conocido, la hubiese abrazado y me la hubiera comido porque no era para menos», contaba con buen humor en Canal Sur.

Estuvo cerca de poder hacerlo hace varias décadas. A principios de los 50, la diva visitó Sevilla alojándose en el Hotel Alfonso XIII. Allí sus parientes le enviaron una torta de Castilleja («para que viera que en su tierra había buenos productos») junto a unas flores y una tarjeta de la hermana de Eduardo invitándola a casa. Tenían mucha ilusión en conocer al astro de la pantalla con el que compartían lazos de sangre pero su secretaria les despachó diciéndoles que Rita había tenido que marcharse inesperadamente porque le perseguía el príncipe Alí Khan, su tercer esposo. «A los 15 días, recibimos una tarjetita suya dándole las gracias a mi madre y diciendo que la próxima vez que viniera a Sevilla vendría a vernos. Pero ya aquello…», explica don Manuel algo apenado porque Rita nunca llegase a pisar el pueblo natal de su padre, donde incluso le han dedicado una calle para que quede constancia de que la gloria de Hollywood tenía gracejo andaluz.

Pese a no conocerla, para don Manuel siempre fue una alegría inmensa contar con una pariente artista. Sin embargo, confiesa que otra de sus tías prefería mantenerlo en secreto porque «lo de tener una artista en la familia estaba muy mal visto en aquella época». Aun así la gracia de la tierra le acababa saliendo en algunos gestos, cree don Manuel. Quizás por eso, Terenci Moix dijo que había sido la mejor Carmen de la gran pantalla.

El desapego de Rita por su familia paterna es comprensible teniendo en cuenta la gélida relación que mantuvo con su padre durante toda su vida. Rita fue la mayor de los tres hijos que Eduardo Cansino tuvo con Volga Hayworth, una corista de las Ziegfield Follies de origen irlandés. Nacida en Brooklyn en 1918, su madre quiso bautizarla como Maggie, pero él se empeñó en que tuviera un nombre español por lo que llegaron al acuerdo de llamarla Margarita, aunque su padre siempre la llamaría por su segundo y más racial nombre: Carmen.

Durante su primera infancia, fue una niña más bien retraída que acudía a su escuela en Harlem sin llamar la atención. Sin embargo, con sólo 13 años, afloró la belleza que la hizo inmortal e infeliz. Una melena muy oscura, labios carnosos y unos pechos considerables para su edad la hicieron destacar sobre el resto de las alumnas... y lograron que su bohemio padre se fijara en ella.

Hasta esa época Eduardo había formado pareja de baile con su hermana Elisa y bajo el nombre de Dancing Cansinos se había labrado cierta fama en el difícil mundo del vodevil. Pero Elisa, más tradicional, se había cansado de la vida de la farándula y quería retirarse. Eduardo pensó entonces en Rita como su sustituta.

Acorde con la biografía que escribió sobre ella Barbara Leaming, buena amiga de Orson Welles, el segundo marido de Rita, la actriz cumplió los 13 años cruzando la frontera entre Estados Unidos y México. La familia se trasladó a Tijuana para que padre e hija bailaran en un casino. Allí, Eduardo presumía de mantenerla a salvo de los hombres que creían que podían acostarse con ella por un puñado de dólares. Sin embargo, nunca la protegió de sí mismo. «La actriz le diría a Orson que en aquella época su padre había tenido relaciones sexuales con ella de modo reiterado», escribió Leaming.

Alcoholizada, Volga Hayworth miraba hacia otro sitio y fue incapaz de proteger a su hija de Eduardo, quien además afrontaba muy mal la decadencia artística que estaba experimentando y hacía sufrir a Rita con complicadas coreografías. Su progenitor le hacía repetir una y otra vez los mismos pasos de baile, insultándola cada vez que cometía un error. Así se forjó la personalidad sumisa con los hombres de Rita (y de paso un talento para el baile que elogiaría el mismísimo Fred Astaire, su compañero en Bailando nace el amor).

Por fortuna para la actriz, uno de aquellos norteamericanos millonarios que visitaban Tijuana prestos para la juerga era un magnate del cine que recomendó a Eduardo llevar a Rita a Hollywood. Tentado por la posibilidad de hacer más dinero en la industria del cine, el bailarín le hizo caso. A partir de ahí comenzaría la leyenda de Rita Hayworth.

En California, Eduardo no pudo ejercer su férreo control sobre Rita, a la que decidieron dar a conocer con su apellido materno. Ella no tardaría en encontrar otro hombre en el que refugiarse, Edward C. Holmgren Judson, un maduro divorciado que se empeñó en hacer de ella una estrella a cualquier precio. Para ello, la sometió un estricto régimen y a durísimos tratamientos de belleza que la estilizaron y sofisticaron. Aunque el paso decisivo fue teñirla de pelirroja. Había nacido un mito.

Pronto su nuevo estilo le haría subir como la espuma dentro de su estudio y se casaría en secreto con Judson. Por supuesto, no invitó a la boda a sus padres, por lo que Eduardo montaría en cólera. Al resto de sus cuatro matrimonios tampoco fue invitado. Eduardo Cansino moriría en Florida, lejos de Rita, en 1968 acompañado por su segunda esposa.

Pródiga en amantes (desde los actores David Niven y Victor Mature hasta el magnate de la aviación Howard Hughes pasaron por su cama), Rita no encontraría la felicidad con ninguno de sus esposos, marcada por la relación de su padre. Ni siquiera sus maridos más famosos, Orson Welles y el príncipe Alí Khan, con los que tuvo sendas niñas, Rebecca y la princesa Yasmin, pudieron salvarla de su tormento.

En una ocasión Rita le dijo al director de Ciudadano Kane que el poco tiempo que había sido feliz fue a su lado. Él, que la había engañado con muchas actrices y se sentía culpable por lo mal que se había comportado con ella abandonándola después de que esta diese a luz, comentaría: «Si aquello fue felicidad, imagínate lo desgraciada que fue el resto de su vida».

1 comentario:

  1. Esto del padre, no me lo creo , no salio de boca de ella, sino de un ex marido celoso por sus exitos tanto en el cine como con los hombres y sobre todo incluyendo a un Principe como el Ali Kan,por su poderio ,su fortuna. El Orson Welles,bien que la abandono con su propia hija y encima la ensucio con el padre,el era un despechado y falto de Moral y raro, asi no es crible

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