04 julio 2012

Lorca sigue presente entre nosotros

El espíritu de Lorca pulula por las tablas del Teatro Real. Es Ainadamar, la ópera de Osvaldo Golijov basada en la amistad del poeta de Granada con su musa Margarita Xirgu que se estrena el domingo y que con ella cierra la temporada el coliseo. 

Esta tercera versión del espectáculo ganador de dos premios Grammy en 2016 contará con la participación exclusiva de Nuria Espert. La actriz catalana recita nueve poemas de Diván del Tamarit, unos versos escalofriantes póstumos en los que Lorca parece que presiente su martirio y su muerte.

Los ensayos en el escenario arrancaron el lunes pasado a las cinco de la tarde, un instante muy lorquiano. Era la primera vez que el equipo, capitaneado por Peter Sellars, se subía a las tablas. Llevan trabajando en sala desde el domingo 17 de mayo y el lunes por la tarde se encontraron por primera vez (en Madrid) con el claustrofóbico y desgarrador cuadrilátero creado por el pintor Gronk, unos cuadros que mezclan el arte del graffiti y que evocan por momentos al Guernica de Picasso.

Lorca pasea inmortal por esta producción en la que las mujeres son mayoría. La mezzosoprano Kelley O'Connor, que estrenó las dos versiones de la partitura; la soprano Jessica Rivera, que interpretó el personaje de Nuria en ambas y que en Madrid encarnará a Margarita Xirgu; y la soprano catalana Nuria Rial, que debuta en el papel de Nuria.

Este trío, acompañado por Nuria Espert y las 12 cantantes del coro, escuchan atentas las órdenes de Sellars antes de comenzar. El director de escena les habla en su académico y pulido inglés mientras que su asistente, Robert Castro, experto en García Lorca, traduce los consejos del jefe. 

En el foso sólo hay un piano, la orquesta se encuentra ensayando en el cielo del teatro. En el lugar de Alejo Pérez, el maestro que llevará la batuta en las representaciones, se encuentra Arnaud Arbet, maestro repetidor. «Estoy ansioso por empezar», grita Sellars. La oscuridad inunda el escenario y un pastoso silencio se apodera de la platea.

Está vacía. En primera fila, tras el maestro, se encuentran Andrés Máspero, director del coro, y Alejo Pérez. Ocupando el centro de las butacas surge una inmensa mesa de trabajo, desde donde Sellars murmura los últimos consejos a sus asistentes. 

«Aguaaaa», grita Guillermo, el regidor. Un gorgojeo brota de todos los rincones, una armonía que te traslada a la Alhambra. 

«Quiero bajar al pozo/ quiero subir los muros de Granada/ para mirar el corazón pasado/ por el punzón oscuro de las aguas». 

El espectro de Margarita Xirgu resucita en la piel de Nuria Espert. Cuando acaba, las niñas arrancan con la balada con que comienza Mariana Pineda. Ainadamar transcurre durante la última representación de Mariana Pineda en el Teatro Solís de Montevideo, en los años 70. Margarita Xirgu, leal hasta las últimas consecuencias a aquel sueño lorquiano, sucumbe al instante enigmático que siempre precede al inicio de la escena.

Ella, entre las tablas, abre otro escenario aún más poderoso, el de su memoria viva: es allí donde comienza el canto que narra el amor de Federico por la Mariana libertaria. 

Sellars lleva fagocitado por el universo lorquiano desde el pasado mes de enero. Cuando se encontraba en Madrid trabajando en Iolanta/Perséphone conoció a Nuria Espert y junto a Gerard Mortier no paró hasta conseguir que participara en el proyecto recitando los versos de Diván del Tamarit. Las voces surgen de todos los rincones, como en el cine. Sellars ha decidido amplificarlo todo para «que la esencia de Lorca envuelva a los espectadores desde el principio». Sostiene que Golijov busca la emoción y no la provocación. «Eso es lo que quiero transmitir», explica.

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