28 septiembre 2012

Las películas de Harry Potter


 El fenómeno social y de ventas de Harry Potter no hubiera sido el mismo sin el cine. Las películas y los libros han ido tirando los unos de los otros y se han potenciado mutuamente. Sólo así se entienden las espectaculares cifras: más de 350 millones de libros vendidos en todo el mundo (10 millones en español) y 3.240 millones de euros recaudados por las cinco primeras películas de la serie. Ambos datos colocan al personaje de J. K. Rowling como el más rentable de la historia.

Y todo ello se ha logrado en apenas 10 años: desde julio de 1997, momento en que se publicó en Inglaterra Harry Potter y la piedra filosofal, hasta la salida del séptimo título y fin de la serie: Harry Potter and deathly hallows (aún sin traducción al español) a finales del pasado junio. Las cifras, no obstante, seguirán creciendo, pues el último volumen ha de publicarse aún en las 65 lenguas a las que están traducidos los libros de este personaje, y aún quedan por explotar cinematográficamente los dos últimos títulos de la serie.

De hecho, Harry Potter y la orden del Fenix, la quinta película, se estrenó el pasado julio, y este otoño comenzará el rodaje de la siguiente, Harry Potter y el príncipe mestizo, que llegará a las pantallas en las navidades del 2008.

En pleno siglo XXI, el viejo debate de cine o literatura ha quedado aparcado. Ya no hay enfrentamiento entre ellos. Ahora, si se quiere obtener un éxito mundial y llegar a todo el planeta, hay que unir fuerzas y aliarse, como ha sucedido con Harry Potter, que ya no es sólo una serie de libros de calidad y ventas, sino también una saga de películas, y sobre todo un personaje universal que hay que explotar por todos los medios: el libro, las películas, los videojuegos, los muñecos y el merchandansing... y hasta un parque temático: Harry Potter en todas las dimensiones de la cultura y el ocio.

Lo cierto es que los últimos 10 años han sido denominados como la década de Harry Potter, no sólo por tan espectáculares cifras, sino por el fenómeno cultural y sociológico que la irrupción del niño mago ha supuesto: Harry Potter ha hecho más por la lectura que cientos de campañas institucionales; Harry Potter ha desmentido el tópico de que los niños no leen (o no leen libros gordos) y Harry Potter ha propiciado que la literatura infantil dejase de ser algo invisible.

Y sin embargo nada hacía presagiar este fenómeno cuando una anónima y humilde profesora inglesa comenzó a imaginar una historia en el trayecto de un tren entre Manchester y Londres una mañana de 1990.

Recostada en el incómodo asiento, empezaron a llegarle los personajes y el hilo general de las aventuras, como una iluminación, a una velocidad que era incapaz de controlar. Esa misma tarde, ya en casa, se puso a tomar datos en una libreta, y durante los seis años siguientes, mientras proseguía su lucha por la vida cotidiana, Rowling fue pacientemente desarrollando su mundo literario.

Así que antes de ponerse a escribir una línea, ya tenía claro dos cosas definitivas: que iba a ser una serie cerrada de siete títulos, y que los personajes crecerían, como en la vida misma, en cada uno de esos libros, sufriendo los cambios físicos, psicológicos y emocionales propios de la edad. Algo inusual, hasta entonces, en la literatura infantil, tendente a mantener a sus personajes al margen de la evolución propia de la vida, como sucede en las decenas de títulos de series famosas: Guillermo, Los Cinco o la española Celia.

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