16 octubre 2012

Hopper no es la estrella esperada


Sucede casi al final de la película. Joe y Adolfo, el viejo cascarrabias y el joven soñador, se sientan en la arena de la playa, miran el horizonte y respiran hondo: -«iCómo me gusta ver amanecer en el mar!», suspira Joe. -«Van a dar las tres de la tarde...», le corrige Adolfo. -«i Qué se le va a hacer! iNo se puede tener todo en este mundo!», se resigna Joe mientras se frota los ojos. La escena, robada al In the soup de Alex Rockwell, se traslada por arte y magia del cine a la playa del Lido de Venecia. Allí está Dennis Hopper (Joe y Adolfo al mismo tiempo), empapándose de mar sin quitarse las gafas de sol, añorando quizás gloriosos amaneceres como los de antes. Cierto, Hopper no es la estrella que todos esperan y desean. Llegó a última hora como convidado de piedra, para cubrir el hueco de los jurados desertores. No tiene por qué hablar de lo guapo que sale en la película; le basta con dejarse ver de cuando en cuando: de la playa al bar, del bar al jardín, y del jardín a la terraza del Excelsior... Los fotógrafos le persiguen como hienas.

Y es que las estrellas de esta Mostra son precisamente las no-estrellas, actores que vienen como «extras» y que levantan a su paso una tormenta de «flashes», gente con el talante de Joe Pesci o de Barbara Hershey, que nadie se explica cómo y por qué han quedado al margen de la competición oficial. Menos mal que nos quedan «ellas» como consuelo, actrices como la sensual Emmanuelle Béart y la chispante Jennifer Beals, aquella morenita de Flashdance, que vuelve a dar la cara tras un largo silencio.

Entre ambas ha comenzado un fascinante duelo que va a ser la tónica de este festival con perfume de mujer. Gracias a Un coeur en hiver, Emmanuelle se ha metido a Venecia en el bolsillo. Su papel de Camille -la violinista apasionada que se enamora de un pedazo de hielo- le valió la otra noche diez minutos de aplausos. Los ojazos de Emmanuelle no pudieron reprimir algunas lágrimas. Jennifer Beals también seduce con los ojos, pero su mirada es distante y perdida. Seduce, sí, pero no conmueve. Salva con dignidad su papel secundario en In the soup -dirigida por su marido Alex Rockwell- aunque te deja indiferente. Vence pues la joven actriz francesa este primer «tête â tête» entre mujeres que pondrá la pimienta al festival.

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