17 octubre 2012

Una Juana de Arco en la gran manzana

En el salón Imperial del Hotel New York Shetáton, cientos de voces femeninas se alzaron hacia las lámparas de cristal. «Que Dios bendiga a América, mi hogar, mi dulce hogar», cantaron al unísono Geraldine Ferraro, Betty Friedan y David Dinkins. Conseguir que Friedan, la madre de todas las feministas americanas, la Simone de Beauvoir transatlántica, entone el «God Bless America» supone una hazaña de tal calibre que para entenderla uno tiene que imaginarse . a la difunta Pasionaria cantando «Virgen Morenita, santa fue tu cuna...» Sólo la extraordinaria Hillary Clinton es capaz de hacer algo así. Hillary Clinton, la que ayer, entre zumos y croissants, volvió a demostrar en Nueva York lo que muchos ya sospechaban: que si .su marido, el candidato demócrata Bill Clinton, no llega a la Casa Blanca dentro de un mes, ella debería intentarlo en 1996. Ha venido a Nueva York con la intención de demostrar al establishment femenino de la Costa Este que ella no es la bruja descrita por los republicanos durante su Convención de Houston.

«Donde no hay visión, el hombre perece», dice Hillary citando al profeta Isaías y, a su vez, a su marido, quien ha convertido este pasaje bíblico en lema de su campaña. «Durante nuestros viajes por América, yo he leído en la cara de mucha gente que la esperanza vuelve a ocupar un lugar en sus corazones. Y eso es una enorme responsabilidad para nosotros». Hillary habla desde un podio colocado al fondo de la sala y cubierto con este cartel: «Las mujeres alumbran el camino del cambio». El público está compuesto casi exclusivamente por mujeres cientos de profesionales que han pagado cien dólares por desayunar a las siete y media de la mañana; con ella. También con Tipper. Gore, la esposa del candidato a la vicepresidencia, su gemela.

Sin embargo, y a pesar de ir vestidas exactamente igual -de blanco y morado, ayer-, de lucir el mismo peinado y el mismo bote amarillo, Tipper se aparece como la sombra de Hillary. Antes de comenzar los discursos, miembros de la campaña Clinton/Gore han repartido unos gruesos sobres con todo tipo de documentación acerca dé Hillary Clinton. La primera página es un artículo del Wall Street Joumal en el que se explica cómo Patrick Buchanan manipuló el pensamiento de Hillary para atacarla durante la Convención. Hillary nunca escribió que el matrimonio es una institución comparable a la esclavitud. Tampoco, que los niños han de tener derecho a denunciar a sus: padres porque éstos les obligan a sacar los cubos de basura. El contenido del sobre es innecesario. Gracias a los ataques republicanos toda mujer americana que se considere con dos dedos de frente se ha aliado con ella. Ayer, en Nueva , las mujeres que se consideran en la avanzadilla, recibieron a Hillary como si fuera Juana de Arco.

«No importa dónde vivimos, de dónde venirnos, las mujeres que estamos aquí hoy estamos unidas porque a todas nos importa mucho lo que nos está ocurriendo y lo que está ocurriendo a nuestro alrededor», señaló Hillary, a la que nunca le tiembla la voz. La interrumpen los aplausos. Por su carisma, se diría que Hillary es la versión femenina de Bill En media hora de discurso, Hillary cautivó a la audiencia. «Es una madre, una profesional», dice de ella Matilde Cuomo, la mujer del gobernador. «Una líder respetada que nos ha enseñado que la vida es, sobre todo, una lucha constante por nuestros derechos». «Es un modelo a seguir no sólo para mí, sino para todas esas jóvenes que están creciendo ahora y que no saben cómo apañarselas en esta cada vez más compleja sociedad», dice Tipper, quien agrega que ambas se han convertido en «grandes amigas». «Hillary & Tipper, amamos vuestra naturaleza esencial», reza un cartel en el centro de la sala.

La frase hace referencia al desafortunado comentario de Marilyn Quayle, la esposa del vicepresidente, en su discurso durante la Convención en Houston. Según Marilyn, los demócratas van en contra de la «naturaleza esencial» de la mujer, cualquiera que ésta sea. «¡Fabulosa!», afirma Nan Valona, una broker inmobiliaria, refiriéndose a Hillary. Valona, que sale corriendo porque llega tarde a la oficina, se detiene a medio camino para agregar: «¡Soberbia!» Hillary Clinton no es Jackie Kennedy. Pero los republicanos la han ayudado enormemente con sus críticas. Algún día puede que llegue a ser venerada como lo fue aquella legendaria Primera Dama.

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