02 enero 2013

Las familias de los albaneses


Una vez alcanzada la libertad, las dos mayores preocupaciones de los 804 albaneses que se han asilado en Italia son su futuro y la situación en que han quedado sus familiares en Albania.

La mayoría de los hombres consultados por este periódico se muestran preocupados por su desconocimiento de la lengua italiana, o del inglés, ya que gran parte de ellos quieren emigrar a los Estados Unidos, por pensar que en ese país hay mayores posibilidades para encontrar trabajo.

No todos llegaron bien a Italia. Un total de 30 tuvieron que ser ingresados en el hospital civil de Brindisi. Gran parte de ellos dominan oficios que ya no tienen vigencia en Occidente. Es lo que le pasa a un mec√°nico de 33 a√Īos, que confesaba que m√°s que dominar la t√©cnica de los motores, domina la «chapuza» permanente y reparaci√≥n de los viej√≠simosveh√≠culos que circulan por su pa√≠s.

«Yo consigo que siga rodando un viejo autob√ļs que tiene 40 a√Īos, pero no entiendo nada de los sistemas de inyecci√≥n, ni de los turbo, ni de cualquier motor actual». Evidentemente necesita perfeccionarse. La otra gran preocupaci√≥n es el estado de sus familias en Albania.

Ayer, la mayoría de los refugiados consiguió establecer contacto telefónico con ellos, para tranquilizarles y decirles que su éxodo ha resultado bien. Pero al otro lado del hilo todo eran incertidumbres y malos presagios. El Gobierno de Tirana ha difundido ayer una encuesta en la televisión en la que sólo opinaban las personas que definían a los refugiados como bandidos, gamberros y delincuentes.

Sin embargo, la conversaci√≥n que mantuvo ayer un joven con un amigo suyo en Tirana fue muy evidente: «Ju lunte, ju lunte», le dec√≠a al otro lado del tel√©fono. «Bravo, bravo, adelante, me dijo mi amigo. Toda la gente joven est√° con nosotros si pudieran hacer lo mismo que nosotros lo har√≠an pero las embajadas est√°n cercadas por el Ej√©rcito», declar√≥ despu√©s de colgar el tel√©fono. Pero la opini√≥n de los mayores es m√°s insegura, temen las represalias de la Polic√≠a que tiene el nombre de todos los refugiados. No es para menos. La dictadura de Tirana ha conseguido hacer creer a gran parte de su poblaci√≥n que su sistema r√≠gido ortodoxo marxista es el mejor, que no hay otro.

Los disidentes escapados ahora se pasean o descansan en los barracones militares que el Ejército italiano ha condicionado para ellos en Restinco, a 10 kilómetros de Brindisi. Los asilados se encuentran un poco hacinados y se distraen mirando con interés la Televisión italiana, que les informa sobre los acontecimientos en su país.

Los 804 albaneses que se alojan en Restinco han iniciado un cambio de su imagen. Han conseguido lavar sus ropas, y se han aseado. Los hombres han afeitado su barba de varios días. Las mujeres han puesto algo de maquillaje en sus rostros. Las ropas nuevas facilitadas les dan mejor aspecto que con el que llegaron a Italia.

Pero algo no ha cambiado todav√≠a. Su delgadez es extrema. Parecen reci√©n salidos de un campo de concentraci√≥n. En la nueva imagen que ofrecen un objeto llama la atenci√≥n. Algunos de ellos se han colgado del cuello un peque√Īo crucifijo de metal, facilitado por uno de los sacerdotes presentes en el campamento de refugiados. «En Albania no lo pod√≠a llevar.

La polic√≠a me deten√≠a si me ve√≠an con √©l», confesaba la joven que mostraba orgullosamente su nueva se√Īa de identidad. Entre los datos que las autoridades italianas recogen de los refugiados figura la de su religi√≥n. La mayor√≠a de las veces figura la religi√≥n musulmana, le sigue la cat√≥lica. El √ļnico pa√≠s del mundo declarado oficialmente ateo, no ha conseguido acabar con la religi√≥n tras cuarenta a√Īos de lavado de cerebro.

Estas gentes que ahora se expresan con libertad se muestran muy agresivas con las autoridades de su pa√≠s. «Una periodista italiana defini√≥ recientemente a Ramiz Alia, nuestro Jefe del Estado como un peque√Īo Gorbachov. Pero eso no es verdad. Es un asesino», declar√≥ un joven alban√©s que a√ļn prefiere mantener oculto su nombre. Entre los refugiados en Italia ninguno ha pensado viajar a Espa√Īa para establecerse.

Aunque conocen bien nuestro pa√≠s y piensan que podr√≠a ser otra de sus opciones de futuro, echan de menos una oferta del Gobierno espa√Īol. «No hay embajada espa√Īola en Tirana. Si la hubiera habido seguro que tambi√©n hubi√©ramos saltado su muro para refugiarnos», declararon algunos de los refugiados albaneses al ser preguntados sobre nuestro pa√≠s.

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