18 abril 2013

De quien fue la idea de Superman

En 1921, cuando Alexander Salkind vino al mundo en Gdansk, esta localidad polaca se encontraba bajo la dominación rusa. Puede que fuera ésa la causa de que, cuando este productor de cine, muerto el 8 de marzo en la capital francesa, estuvo en condiciones de elegir libremente su nacionalidad, se hiciera mexicano, como su esposa, la pintora y escritora Berta Domínguez. Fue el país azteca el que le acogió, junto a sus padres, cuando las persecuciones contra los hebreos desatadas por los nazis obligaron a su familia a huir de Europa.

Aunque Alexander, al igual que su padre, Mijail, pasará a la historia del medio como un buen productor, lo cierto es que se inició en el cine como ayudante del director G.W. Past en Don Quijote. En vista de que el rodaje de esta cinta data de 1933 y se antoja muy difícil que un niño de 12 años pudiera desempeñar tal función, algunos de los autores de sus notas necrológicas han dado a entender que el fallecido se quitaba años. Fuera como fuese, lo cierto es que el Alexander Salkind productor, el que verdaderamente cuenta, se puso en marcha en 1946 con El moderno Barba Azul, dirigida por el mexicano J. Salvador e interpretada por el entrañable Buster Keaton.

De regreso a Europa, a comienzos de los años 60, Salkind producirá Black Jack, de Julien Duvivier y posibilitará la obra de cineastas tan temidos por los otros productores como los megalómanos Orson Welles y Abel Gance. A este último le financiará en 1960 Austerlitz, la minuciosa reproducción de la más famosa de las batallas libradas por Napoleón, y a Welles, la que será su película más densa y compleja, El proceso (1962).

Desgraciadamente, Salkind comenzó a alejarse de esa línea de producciones -en que el riesgo y la calidad corrían parejas- en 1968, al producir en nuestro país el Cervantes de Vincent Sherman, con Horst Buchholz, Gina Lollobrigida, José Ferrer y Louis Jourdan como protagonistas.

De nuevo en España, lleva a cabo El faro del fin del mundo (1971), una torpe adaptación de Verne dirigida por K. Billington y protagonizada por Yul Brynner, José Ferrer y Massimo Ranieri. A ésta seguirá Barba Azul (1972), título mediocre de Edward Dmytryck, rodado a mayor gloria de Richard Burton y Raquel Welch.

Mejor opinión por parte del cinéfilo merecen Los tres mosqueteros (1974) y Los cuatro mosqueteros (1975) dirigidas ambas por Richard Lester y producidas por Salkind, con Michael York y Raquel Welch a la cabeza de un numeroso y brillante plantel de estrellas internacionales. De nuevo la estimulante Raquel protagonizará junto a Oliver Reed y Mark Lester El príncipe y el mendigo (1977), la siguiente producción de Salkind firmada por Richard Fleischer.

Pero será Richard Donner quien proporcionará al fallecido el mayor éxito de su carrera al dirigir en 1978 la primera y mejor entrega de la saga de Superman. Por aquel entonces, Ilia, el hijo del difunto, ya figura en los títulos de crédito como productor ejecutivo.

Su última producción, 1492. La conquista del paraíso, que Ridley Scott rodó en 1992 con motivo del V Centenario, volvió a traer a Alexander Salkind a nuestro país.

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