15 mayo 2013

Miguel Ríos y su pacifismo

El seseo se le escapa. Aspira las sílabas, sin querer, como negándose a renunciar a los últimos lazos delatores de su origen granadino. En su último disco, Directo al corazón, tampoco ha podido disimular. Las alusiones al Sur son continuas y el gracejo que le acompaña en su conversación, ha trascendido a los surcos de este nuevo álbum, que rompe dos años de silencio y está lleno de palabras de pasión. 

«Además de por mi eterna morriña por Andalucía, que ya se veía en Vuelvo a Granada, todas estas alusiones a la gente del Sur surgen a raíz de la nueva ley de extranjería, de esa trampa en la que nos hemos metido por estar en Europa, y que nos ha convertido en los gendarmes de este continente. Me parece que el tratamiento que estamos dando a los suramericanos y africanos es, como mínimo, injusto y no sé hasta qué punto legal». «Los suramericanos -continúa- nos han recibido siempre con las manos abiertas, han acogido a muchos españoles en el exilio y no creo que sea decente cerrarles las puertas ahora». Una arrogancia, esa del Norte frente al Sur, que en opinión de este rockero de mediana edad, sin ánimo de morir, puede llegar a extremos algo más duros.

«Esa actitud ha sido la que, en el fondo, nos ha metido en esta guerra. Este no es un conflicto ideológico, es una guerra de intereses, donde se ha querido poner en claro quién es el manda en el mundo. Se quiere disfrazar, hablando del derecho internacional y todo eso, pero en el fondo es una simple lucha de intereses. Me parece que con el hecho de que nos hayan metido en esta guerra hemos dado un paso atrás en la evolución; se ha bajado el listón y creo que nos acercamos más al mono». Escepticismo e ironía, que en absoluto hacen caer en el pasotismo a este legendario hombre del rock, que ahora, en 1991, se ve obligado a recordar viejos tiempos, épocas de protesta y rebeldía, con conciertos como el que el domingo ofrecerá en el Paraninfo de Madrid, junto a sus compañeros de la Plataforma de Artistas por la Paz. «Es terrible -comenta- que los que en los sesenta nos movilizábamos hayamos vuelto a encontrarnos por un hecho como el de esta guerra. De todas formas resulta agradable saber que la gente sigue reaccionando y que las nuevas generaciones también se unen. 

Esperemos que sirva para algo y que no se cumpla eso de que "el que vale, vale y el que no, a cantar al Paraninfo"». En el Paraninfo, en Las Ventaso donde le echen. Son casi treinta años de rodaje de un músico al que el rock en español tiene bastante que agradecer. Consiguió, a mediados de los sesenta que ese rock, que tan bien sonaba en inglés no acabara de sonar mal en nuestro idioma. «Reconozco que fue una tarea difícil; todos estábamos acostumbrados a oír las canciones de Elvis y los demás grupos americanos. Parecía que el español estaba hecho para la copla y el flamenco, pero era una simple cuestión de costumbre, de conseguir que el oído se habituara a oír rock en español».

Pero el tiempo ha conseguido que Miguel Ríos se haya convertido en una especie de «llanero solitario», el único superviviente activo de aquellos primeros rockeros; casi todos su compañeros de entonces, con los años, han «sentado la cabeza». «Soy de los pocos que aún se mueven en este mundo del rock, pero no creo que la mía sea la postura más valiente. Creo que Manolo Díaz, al frente de la CBS, o Teddy Bautista, en su puesto en la Sociedad de Autores, están en puestos más sacrificados que el mío. Yo hago lo que me gusta y tampoco creo que tenga tanto mérito». Pero grabar discos o recorrer medio mundo con agotadoras giras en directo no son sus únicas «aficiones». «Siempre me ha gustado -confiesa- invertir mi dinero en algo estable, tangible. Considero lógico hacerlo en lo que me gusta, en algo que tenga que ver con el mundo de la música, que es el que conozco. Por eso he invertido en salas de conciertos; en España los grupos tienen pocos locales donde actuar y eso se nota después, los músicos necesitan ir fogueándose para llegar al éxito». «A parte, también me sirve para ir viendo nuevos músicos, para mantenerme informado, al día. Cuando se van cumpliendo años, eso es muy importante», concluye.

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