19 julio 2013

Helena Gutierrez una mujer de guitarras tomar

PJ Harvey? ¿Patti Smith? ¿Joan Baez? No. Helena Gutiérrez. En el primer grupo le espetaron: «Lo sentimos: queremos a un chico».En el segundo, «las letras, las voces, ¡todo estaba hecho para un tío!». Así que casi desnuda acompañada de una sola guitarra , su amada Janis Joplin en la venas, su melena veteada al viento, Helena cogió el micrófono y, desde «la vulnerabilidad que nos ha producido nuestra marginación», cantó. «El del rock no sólo fue un mundo machista: sigue siéndolo».

Lo hizo ayer por la noche, moviendo los dedos en torno al micrófono, en Iguali@ 2002. Como ella, otros 21 grupos o artistas de carreras ya consistentes o aún balbuceantes pasaron por el escenario plantado por la junta municipal de La Latina en el Parque de Aluche. Sólo un requisito: que al menos uno de los componentes del grupo o el propio solista fuera mujer.

Dori Madrid, grandes ojos verdes y pose a lo Skid Row, se ha montado un auténtico matriarcado: «Los tengo a todos controlaos».Y todos no son pocos: nada menos que sus siete varoniles secuaces de Nifunk Nifank, con quienes destroza a Christina Aguilera, Aretha Franklin y a quien se ponga por delante. «Soy como una madre en el grupo, hago de punto de encuentro entre todos...¡y llevo cajas como la que más!».

Pero no perdamos de vista, en esta historia de gineceos discriminados, un tópico: «¿Armas de mujer? Todas», se pone cuca Dori. «Yo me muestro atractiva, bailo en plan sensual y les miro directamente a los ojos», expone su catálogo. «Es pura comunicación». Claro que la receta y los condimentos varían en función de la cocinera: «Sensibilidad y un poquito de mala leche» es la de Lucía, front girl de Noche Tras Noche, que suma ojo al yugo femenino en la fragua «un chorrito de imposición». ¿Dictadura? ¿Atado y bien atado? «No, hombre», sonríe, «sólo un poco de, je, je, autoritarismo».A ella la rodean, en su grupo, cuatro machos.

Volvemos a Lucía, que argumenta: «La creatividad no entiende de géneros». E idéntica sentencia suelta Irasema, que con una foto de María Creuza en la mesilla de noche le da a una cálida bossa nova secundada por su novio Iván: «Puede haber una sensibilidad especial, pero creo que excepto en lo físico, podemos hacer lo mismo que los hombres y viceversa».

Irasema cierto, seguramente vindicando el estilo en que se siente más cómoda no se queda en el tópico y ensaya toda una teoría post-igualdad: «Hay que terminar con el prototipo de mujer dura de rock, no tenemos que estar reivindicandonos todo el rato».Es más: «Si queremos abandonar arquetipos, tenemos que seguir adelante». Habla del clasicismo del suyo: María Dolores Pradera.

Sobre la supuesta virilidad en exclusiva del rock cock-rock aparte, por supuesto , Irasema asegura que no advierte «especial machismo. Excepto en el jazz, claro», remarca. «Eso es porque las mujeres no estudiáis lo suficiente», le lanza su Iván. Y discutiendo los dejamos para volver a la bad girl del reportaje, Dori y sus oscuros manejos: «Cuando por ejemplo hay que llevar una maqueta a un concurso o intentar conseguir una contratación, voy yo, no falla. ¡Que las mujeres tenemos poderío», se parte.

A su lado asiente Fefo, batería de Nifunk Nifank: «Siempre atraes a más gente con una tía al frente, eso seguro». Y en las mismas está Fernando, compañero de Lucía en Noche tras noche convencido de que «tía al frente puntúa». Quizás por eso se lo monta sola Helena Gutiérrez, cuyos referentes van «de Alaska a Lole», pasando por la inevitable y mencionada por todas las mujeres que aparecen en este reportaje Janis Joplin.

Helena sostiene que «un grupo es como una relación», así que tal vez ésta sea su pequeña travesía por el desierto antes de encontrar novio. Quizás por ello canta, lánguida y emocionada, con la inocencia de sus 22 años: Y me iré a navegar / a buscar mi propio yo / buscaré como el aire / un lugar donde soplar.

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