09 septiembre 2013

En la India reducen los impuestos

Cuando sucedió a su madre, en octubre del 84, prometió acelerar las reformas que Indira había introducido. La más espectacular de todas era una reducción drástica de los impuestos. Flexibilizó el sistema de licencias comerciales o «raj», el nido de las mayores corrupciones y de los principales escándalos financieros del país, un sistema de premios y castigos con el que se ha engrasado tradicionalmente la maquinaria política en la India. 

Con ello agilizó la actividad económica y mejoró la producción, pero dejó intacto lo esencial del sistema: su oscurantismo, sus millares de laberintos y corruptelas, sus múltiples fugas, el absolutismo burocrático. En 1987 Gandhi y algunos de sus principales consejeros salieron muy tocados de las acusaciones de corrupción en la compra de armamento a la empresa sueca Bofors por valor de 1.400 millones de dólares. Las investigaciones judiciales e informaciones posteriores sobre la red de comisiones y malversación de fondos relacionada con este escándalo ha perseguido al hijo de Indira hasta su tumba y ha debilitado seriamente su prestigio. Nehru inició la economía dual de la India seleccionando unas pocas industrias para el gran salto adelante. 

En el segundo plan de desarrollo (19561961) creó las bases del «capitalismo central», nacionalizó 17 de las principales industrias, limitó al máximo las importaciones de bienes de consumo, multiplicó los controles sobre toda la actividad económica y, desde una simbiosis del socialismo fabiano y el humanismo de Mahatma Gandhi, prohibió el cierre de empresas por decreto y multiplicó los gastos en programas sociales.

IndiraGandhi recibe esta herencia y acelera la industrialización forzada en un país necesitado sobre todo -ayer y hoy- de alimentos para una población mayoritariamente rural, el 70% del país. Tuvo bastante éxito y evitó el mismo endeudamiento incontrolado de América Latina porque, en vez de obtener los fondos de la Banca Internacional, financió la industrialización de su país con el ahorro interno, posible solamente en una economía tan cerrada como la de la India. 

El país que deja Rajiv se encuentra en banca rota, con una deuda exterior de unos 80.000 millones de dólares, la revolución verde de los años 60 casi agotada y una población que superará la barrera de los 1.000 millones, una sexta parte del planeta, antes del año 2000. Rica en recursos económicos y humanos, el desafío principal sin embargo, no es superar la crisis económica sino revitalizar las estructuras políticas, regenerar la vida nacional y encauzar las tremendas fuerzas ocultas para combatir la pobreza, la desintegración y las divisiones étnicas y religiosas. 

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