18 julio 2014

La periodista que cambió a Pepe Sancho

Desde que me casé con Reyes, mi vida se convierte en un tornasol que no tiene nada que ver con lo que había sido antes». Estas palabras del propio Pepe Sancho sirven para ilustrar lo que supuso la irrupción de la periodista Reyes Monforte, 28 años más joven, en su corazón. 

Desde que se conociera en 2003, la pareja ha vivido una década de amor sereno hasta que el actor valenciano falleciera el pasado domingo, a los 68 años, a consecuencia de un cáncer.

Ni Alejandro, el hijo que Sancho tuvo con su anterior esposa, María Jiménez, ni su hermano Lluís sabían de la gravedad del estado de salud del intérprete. «El hermetismo fue total... 

No pude decirle adiós», se quejaba su hermano. Ellos pertenecían a la anterior vida de Sancho. «Pepe no habló con nadie de su enfermedad. No lo entendemos. Le hubiéramos ayudado en lo que pudiéramos... Pero él sólo quería a Reyes cerca, parecía que le tuviera secuestrado», comentan fuentes cercanas a la familia.

Efectivamente, durante los últimos meses, la bella periodista se convirtió en la sombra de Sancho. «Después de los ensayos ahí estaba Reyes para recogerlo en coche. 

Si tenía que ir a los chequeos, le llevaba ella. Siempre que no estaba en escena, estaba con ella», explica una fuente implicada en La amante inglesa, la función que el valenciano tuvo que abandonar a sólo dos días de su estreno hace poco más de un mes.

A pesar de la propia fama que Monforte ha cosechado en su carrera gracias a best sellers como Un Burka por amor o La infiel (de ambos libros Antena 3 compró sus derechos para miniseries), en los últimos meses se había convertido prácticamente en la secretaria del actor. 

«Cuando hacíamos algo con Pepe, luego llamaba ella para pedirnos los PDFs y colgarlos en su web. Ella se la llevaba». ¿Qué autora que vende 250.000 ejemplares de un libro se ocupa de esos detalles de su pareja?

Sancho no tenía agente. Él mismo llevaba su carrera y la periodista se entregó a su causa cuando a éste le faltaron las fuerzas, igual que lo hizo con las memorias que el ganador del Goya por Carne trémula escribió en 2006, Bambalinas de cartón. 

«La disciplina de Reyes me ha ayudado mucho», decía él. En ellas, por cierto, Sancho no le dedicaba ni una línea a María Jiménez, la mujer con la que se casó tres veces. Esa fue su otra vida. La vida de canalla y mujeriego, aquella en la que gastaba un carácter volcánico e irascible que Reyes logró atemperar en parte porque, como buen valenciano (y él lo llevaba a gala), Sancho seguía siendo de traca. 

Con Monforte dijo adiós a sus correrías nocturnas y a su afición a las faldas. Aún se tomaba un par de gin-tonics a media tarde en la cafetería Santorini, cerca de su casa madrileña, mientras se alegraba la vista con las modelos que pasaban a una agencia cercana, pero ya no era la sombra del don juan de antaño.

BODA SIN SU HIJO

Aquello se terminó en 2006, cuando se casó con la rubia periodista en un hotel de lujo en Bétera. Sólo acudieron 65 invitados, entre los que figuraban Ana Duato (quien fue su madrina y que ahora se está encargando de su funeral en Madrid en la iglesia de San Lorenzo), Imanol Arias, Luis del Olmo, el político Esteban González Pons o su primo Antonio Asunción, ex ministro de Interior socialista. Alejandro (31), el hijo del actor, quedó fuera del enlace.

Quizás por eso, a pesar de que le despidió cariñosamente en su incineración, prefiere no decir nada de su famoso progenitor. «Si no he hablado de mi padre cuando estaba vivo, ahora mismo no lo veo adecuado y creo que, tal vez, si llamas a la viuda te puede ayudar más», cuenta a LOC con un destello de resentimiento. Llevaba seis años sin hablar con el actor.

Aún así, durante su incineración Alejandro le rindió homenaje y depositó en el féretro una carta y una fotografía de su hermana Rocío y de él cuando eran pequeños. 

Rocío era la hija que María Jiménez tuvo antes de conocer al actor y que Sancho reconoció como suya cuando contaba dos años. Desgraciadamente, falleció a los 16 años en un accidente de tráfico. «Ésa y la muerte de mi padre, a quien estuve muy unido, han sido las que más he sentido en mi vida», diría el actor.

No fue la única paternidad que Sancho reconoció. También está Javier (40), fruto de su affaire con la ex azafata del Un, dos, tres Pilar Pérez. En 1995, Sancho declaró que había tenido un hijo con la modelo.

Según él, le conoció cuando tenía ya tenía un año y quiso encargarse del pequeño sin siquiera hacerse las pruebas de ADN. Sin embargo, la madre, temerosa de perder a su hijo, le denunció y un juez anuló la paternidad del actor en 1980. Ahora, Javier podría abandonar su anonimato y reclamar parte de la herencia.

Deshecha por la pérdida de su amor, Monforte prefiere no entrar en consideraciones sobre el tema. «Estoy que no me tengo, no te voy a poder decir nada. Prefiero dejarlo aquí», explica amablemente. 

Sin embargo, la periodista tendrá que hacer frente al reclamo del tercio de la legítima por parte de Alejandro (y, si se decidiera, quizás por parte de Javier). Los conocidos de Sancho aseguran que el actor lo tenía todo bien atado, sin embargo también auguran problemas. 

«No tanto porque los busque el propio Alejandro, sino porque su madre lo va a espolear».

Sancho fue un hombre que llevó con fortuna su carrera. Baste para reflejarlo esta anécdota. Hace años, un productor le citó a las seis de la tarde y le tuvo media hora esperando en el antedespacho. 

A las seis y media, el actor decidió que, por cada cinco minutos más que le tuviera esperando, le pediría 100.000 pesetas más por la película. El productor le hizo pasar a las siete menos diez y, cuando ya habían firmado el contrato, le dijo: «Si no me hubieses tenido más de tres cuartos de hora esperando, te habría salido 400.000 pesetas más barato».

GRAN TRABAJADOR

Gracias a su talento y esa portentosa voz «que trepaba hasta lo más alto de los escalones del teatro romano de Mérida», según José Tamayo, Sancho mantuvo un gran ritmo de trabajo hasta el final. 

En la televisión tuvo papeles importantes en las series Imperium, Crematorio, Cuéntame y en la propia miniserie escrita por su mujer, Un burka por amor. 

Él mismo negociaba sus cachés y, según fuentes del sector, no bajaba de los 40.000 euros por episodio. También en escena logró contratos con los Teatros de la Comunidad Valenciana. Por lo que el actor logró bastante dinero, cuando otros de su generación afrontan la jubilación o el declive.

Para los temas de creación artística, Sancho era apoderado de Prosopon S. L., que creó en 1995 cuando aún estaba casado con María Jiménez. 

Desde 2010, Reyes Monforte es quien aparece como administradora única de esta entidad. También está el espléndido piso que la pareja compró al poco de casarse en Plaza de España y sobre el que pesa una hipoteca de 253.000 euros.

Pero más allá del patrimonio que deje Sancho, a Reyes le quedará una espina: no haber tenido un hijo con el actor. La propia madre de Sancho, que falleció hace un año, le había pedido al intérprete otro nieto y él estaba ilusionado con dárselo.

«Quiero tener un hijo con Reyes», contaba alegre. Sin embargo, es una cosa más que se queda en el tintero de un grande que se fue dejándose muchos papeles y noches de estreno con los que demostrar su genio.


MALOS TRATOS E INFIDELIDADES

TRES BODAS Y DOS DIVORCIOS. Desde que se diese a descubrir como El estudiante de Curro Jiménez, Pepe Sancho siempre fue un seductor. Entre sus conquistas figuraban la periodista Isabel Tenaille o la azafata del Un, dos, tres... 

Pilar Pérez, pero fue María Jiménez la mujer con la que se casó hasta en tres ocasiones (una de ellas en un exótico hotel en Nepal) y de la que se separó dos veces, quien ha ocupado un papel principal en la biografía del actor hasta la llegada de Reyes Monforte. En total, fueron 22 años de tempestuosa relación hasta que se divorciaron en 2002.

En los últimos tiempos, María Jiménez se refería a Pepe Sancho como «su difunto» y el actor prefería no mentar (ni que le mentasen) a su ex. Así de mal terminó la historia de amor de 22 años entre la aguerrida folclórica y el volcánico actor. 

Muchos especularon con que ella acudiría ayer a Sálvame Deluxe a hacer caja contando las miserias de esa tormentosa vida en común. Sin embargo, fue Kiko Hernández quien ocupó el protagonismo del programa. Según cuentan, María no quiere mover ficha todavía para no perjudicar a su hijo. 

Aunque, en un primer momento, no dudó en disparar diciendo que Alejandro se había enterado por televisión de la muerte de su padre.

Las broncas entre la cantante y el actor se convirtieron en un sucio clásico de los programas del corazón durante su divorcio en 2002. Él siempre abjuraría de aquella etapa sumido en la «telebasura». 

María le acusó de haberle sido infiel en numerosas ocasiones e incluso de haberla maltratado, una grave acusación que les llevó a los juzgados a raíz de la publicación de la biografía de Jiménez, Calla canalla. «He llegado a la conclusión de que la única explicación es que Pepe sea un psicópata», contaba en estas memorias, que vendieron más de 22.000 ejemplares. 

«Es un asesino cobarde que no tuvo huevos para matarme de una vez e intenta hacerlo, poco a poco, volviéndome loca para que sea yo la que me quite de en medio».

El actor contraatacó diciendo que fue ella quien llegó a herirle en una ocasión e interpuso una demanda por vulneración de su derecho al honor aunque, finalmente, la cantante fue absuelta.

En esta batalla judicial sin cuartel involucraron a su hijo, Alejandro, haciendo que los jueces le llamaran a declarar como testigo. Él tomó partido por su madre, apoyándola y dando la espalda a Sancho. Desde entonces, se rompió la relación entre ambos. Ésa fue la otra vida del actor antes de que Reyes Monforte le serenase.

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