15 agosto 2016

La hija de Adolfo Dominguez tiene el pie cavo

En su cara inocente, las aguas ocultas de eso que llaman charme se traducen en escandalosa sencillez. Desde el saludo hasta la despedida, todo en ella es compostura vital y semántica, aprendida en los mejores internados de Europa y EEUU. 

Estudió Empresariales, pero, recién licenciada, apartó de sí ese cáliz y se decidió por una vocación creativa que le viene de familia, con un progenitor, el diseñador Adolfo Domínguez, obsesionado además por el arte y la cultura. Adriana prefirió moldear sentimientos en lugar de tejidos, en una carrera como actriz que comenzó en el Actor's Studio -academia de arte dramático por la que han pasado desde Paul Newman a Gwyneth Paltrow. 

Una formación que ha redondeado con clases de guión, dirección, canto, danza..., incluso de striptease.Después de cuatro películas, entre las que se encuentra la producción internacional El puente de San Luis Rey (Mary McGuckian, 2004), con Robert De Niro y Kathy Bates como compañeros de reparto, ha concluido el thriller psicológico The Cry (Bernadine Santistevan, 2016) y ha escrito un guión que quiere dirigir ella misma.

¿Cómo planteaste en casa aquello de papá, quiero ser artista?
Mi padre dice que lo sabía y no me dijo nada. Creo que todos lo intuían menos yo. Como soy muy diplomática, lo fui dejando caer desde el cuarto año de carrera. Pero no exactamente lo de ser actriz. Yo lo enfocaba hacia la dirección y producción de cine. Creo que fue Henry Miller quien dijo que, para encontrarse, antes hay que perderse. Eso fue lo que me ocurrió. Cuando me licencié, tenía una idea de hacia donde quería ir, aunque estaba muy en el aire. Sólo tras perderme durante un año sabático, conseguí hallarme en la interpretación.

Y empezaste a formarte como actriz. ¿Las clases de striptease son para algún papel? ¿Veremos a Adriana Domínguez desnudándose en una película?
Me estoy formando eternamente. En cuanto al striptease, fue sólo por curiosidad, algo para mi intimidad. Te lleva a sitios interesantes, a explorar tu sensualidad, la sexualidad, tu cuerpo... Tiene un aspecto acrobático, de circo, que resulta muy potente. Pero, como yo soy yo y mi trabajo, todo acaba revirtiendo en mi profesión.

Has comentado en alguna ocasión que echas de menos buenas películas de sexo. ¿Te has planteado dirigir este tipo de cine?
Pues sí, la verdad. Hay un lugar poco explorado entre el cine erótico, que es malísimo, y el porno, que es aún peor.

Tu vida es muy gallega, en el sentido de que desde pequeña has emigrado de aquí para allá. ¿Se siente la morriña?
No, yo no he sido extranjera en ningún sitio. Al vivir en tantos países que no son el mío, la única supervivencia posible es mezclarte...En Roma, como los romanos. ¡Soy la más neoyorquina en Nueva York! No abordo la cultura desde fuera. Tengo muchos registros durmientes que entran en acción cuando los necesito.

Empezaste esa vida nómada siendo aún una niña. ¿No te apetece asentarte definitivamente en un lugar?
No he tenido una vida fácil, aunque desde fuera pueda parecerlo.Vivo en el extranjero desde los 8 años, en países cuya lengua no conocía. La pérdida de raíces ha sido brutal: cambiaba de colegio cada dos años. Todas las vidas son difíciles, cada una por una razón. Desde luego, he tenido muchos momentos malos, pero nunca uno totalmente definitivo. Cuando empecé a leer a los existencialistas, me tocaron de lleno. Es un lugar que entiendo profundamente, aunque procuro no ir a él con frecuencia.

Una impertinencia: cuando alguien te llama niña de papá, ¿qué le respondes?
A la cara no me lo dice nadie... No puedes organizar tu vida en torno a algo o a alguien. Es restrictivo y empequeñecedor.Además, he pasado la mitad de mi vida fuera de España, donde mi apellido era normal, no significaba. Por esa razón, me cuesta entender ese tipo de reproches, me resultan muy abstractos. Yo soy una persona cercana y muchos estereotipos que puede haber sobre mí se derrumban en las distancias cortas... Además, soy muy esforzada y trabajadora.

¿Crees que habrás alcanzado el éxito cuando llegue el día en que no tengas que hablar de tu padre en una entrevista?
No, ahora ya no estoy ahí. Es algo que me importaba más hace cinco años, porque necesitaba demostrarme algo. Hoy sé que la empresa de mis padres está construida sobre los hombros de mis abuelos y la sastrería de mis bisabuelos. Ese cúmulo de esfuerzos de una generación sobre otra me llena de responsabilidad y respeto.

Últimamente también has asumido esa obligación hacia la empresa familar y has colaborado con el departamento de diseño. ¿Qué te ha llevado a dar ese paso?
Creo que, al haber definido mis proyectos, me siento capaz de incorporar otras cosas. Digamos que es un acercamiento que mis padres agradecen. Consiste en ir varias veces al mes, con mi madre, al departamento de Mujer. Propongo tendencias y las analizamos.Al haber viajado tanto, tengo en la retina muchas cosas nuevas.

¿Tu participación en la línea de bolsos se enmarca en esta actividad?
Sí, es un proyecto en el que llevo muchos años involucrada. No es algo que surja de la nada.

Ahora también formas parte de la imagen de la firma. ¿Te tienta la pasarela?
Para nada. Esto es un posado de dos días al año y me cuesta definir una profesión a partir de ese ejercicio... Es algo que queda en casa, no lo haría para otras marcas.

¿Tienes una visión propia de la moda?
Mi estilo ha evolucionado de forma muy tardía. Usé uniforme hasta los 18 años y la imagen me daba igual, porque no definía mi personalidad.Luego, he ido por la vida con otros uniformes: vaqueros, camisetas...Como dicen los ingleses, tener estilo implica un alto mantenimiento, y yo no se lo he dedicado. No me complicaba la vida; venía a España, iba a la fábrica y lo que me sentaba bien me lo quedaba.También contribuyó el hecho de haber vivido tantos años en ciudades en las que no te mira nadie, donde lo importante es tu actividad, no una expresión externa.

Tu última película, The Cry, se ha estrenado en el neoyorquino Festival Internacional de Los Hamptons. En ella interpretas a una madre que se enfrenta a La Llorona, mito latino de una mujer que vaga como alma en pena en busca de su bebé muerto, y que en el filme clama venganza.

Es un thriller psicológico en el que una mujer con visiones ayuda a dos detectives a resolver una serie de desapariciones de niños en Nueva York. Crea una atmósfera de angustia y miedo, muy espiritual, indescriptible. Es un filme inteligente, pertenece a la categoría de cine que llamamos independiente. Somos tres protagonistas: Carlos León -el padre de la hija de Madonna-, Christian Camargo y yo. Participó en la selección oficial del festival y creo que tiene muchas posibilidades de éxito. Espero que se estrene pronto en España.

También tienes una productora de cine con tu pareja, Luis Muñoz.¿Qué proyectos estáis preparando?
Manejamos dos guiones. Uno lo dirigiré yo y el otro lo estamos desarrollando en la empresa.

¿Qué tipo de películas te gustaría realizar?
Digamos que mis intereses van por el cine de autor. Me gusta el proceso de John Cassavetes (actor y director de títulos como Una mujer bajo la influencia,1974, o Gloria, 1980): tres meses de improvisación para luego sentarse a escribir y rodar. Es una forma de trabajo artístico muy ligado al actor, a lo teatral...Hablo de la temática, la concepción de ideas, no del producto final.

¿Participará en la producción tu padre, como hizo en La Moños (Mireia Ros, 1996)?
Pues no sé, ya veremos. Hay muchas fórmulas y la que más se estila aquí es la subvención y la financiación de las televisiones.Sí puedo adelantar que aún no he pensado en el reparto. Tampoco creo que la protagonice yo, porque me cuesta ligar guión e interpretación.Lo he compatibilizado en alguno de los cortos que he dirigido y no es una experiencia que quiera repetir.

Para interpretar a Pepita, tu personaje en El puente de San Luis Rey, viviste una temporada en un convento con una tía monja.¿Leyenda urbana o realidad?
¡Sí, es cierto! Acabo de estar con ella, mi tía Angelines. Me formé en el método Stanislavski y hago mucha preparación, intento creerme el personaje antes de rodar. No tengo formación religiosa, y para esa producción era importante estar en contacto con la iconografía católica, ir a misa, coleccionar cruces y compartir mi vida con las monjas, que son muy luchadoras, muy optimistas.

Has participado en filmes nacionales y extranjeros. ¿Dónde te sientes más cómoda?
Digamos que tengo predisposición a trabajar fuera, porque vivo en el extranjero y las películas se generan allí donde estás.Además, como tengo proyectos propios, también te vuelves más selectiva. En este momento, me han ofrecido dos guiones de películas inglesas que están en preproducción para participar como actriz.

Cuando mantienes una relación estable con tu pareja, ¿cómo se lleva la distancia?
No es fácil, como tantas cosas en mi vida. Pero, si compartes afinidades, ¡claro que compensa!

Con tantos proyectos, no tendrás tiempo para pensar en ser madre, ¿o sí?
Creo que aún soy muy joven. Es una responsabilidad enorme, que abordaría como hicieron mis padres: a la tremenda.

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