07 agosto 2016

Nieves Álvarez en pelotas

Nos encontramos en el hotel Costes, en el Faubourg Saint-Honoré de París. Soy puntual, 9 de la noche; ella, sin embargo, ha llegado antes que yo, pese a que ha tenido un día de top model, o sea, de un esfuerzo endemoniado en un rodaje. Aprecia su trabajo, pero es consciente de las estrictas exigencias, y responde al máximo, con sus energías físicas a tope, y también con su mente desbordante de imaginación. Ahora que está tan concentrada en su bebé, al que ha tenido que dejar al cuidado de sus abuelos maternos, sabe que no podrá desconectar de la realidad con frecuencia, como hacía antes.

Ha parido hace pocos meses y en su cuerpo no se nota la más mínima huella del embarazo; yo diría que se la ve aún más bella, y me pregunto cómo puede ser posible. Poco a poco, ella me irá dando la respuesta, con la buena vibración que emana de su presencia y la exactitud de sus frases sencillas. Su hijo, Adriano, le aporta serenidad, da otro sentido a su existencia -más lúdico y, al mismo tiempo, más hondo-, y extrañándolo, así de lejos, se da cuenta de que ahora la vida requiere el doble de atención, que el tiempo se desdobla en infinitos sortilegios, que leer un libro -lo que hacía en una semana, o en menos- le cuesta dos meses y que valora todo de manera muy especial, porque está él, su hijo, y su familia. Pregunto por Marco, su esposo, y me dice que también se ha ido, a Nueva York, para trabajar en lo suyo, que es la fotografía.

¿Cómo se imagina Nieves Álvarez a su hijo con la edad que tiene ella en la actualidad? «Pues no paro de pensar en eso, en el futuro, mis preocupaciones se acumulan, se multiplican. Pienso en los sufrimientos de algunos jóvenes hoy en día, y me da miedo; tengo miedo, como cualquier madre. Las madres no paramos de imaginarnos el futuro.» Sí, le aseguro, yo tuve miedo cuando nació mi hija, y no se me ha quitado 12 años después. «Imagino que podré ayudar a Adriano, apoyarle en los momentos difíciles, por ejemplo, durante la adolescencia. Creo que será un joven educado, atento, curioso, estudioso.» Será guapo, sin duda, añado yo. Ella sonríe tímida, su voz es muy suave y tengo que acercarme para no perder el hilo de sus respuestas.

Estamos sentadas en uno de los mejores lugares del restaurante del hotel Costes, pero el sitio es bastante ruidoso, hay mucha gente y el abejorreo del murmullo resulta incómodo. Ella bebe agua, su cena es pollo con verduras, yo pido alcachofas y un café con leche, jamás he pedido semejante estupidez. Las alcachofas están crocantes, muy sabrosas, y el café con leche me lo sirven tibio. La camarera es una pesada que se cree la última Coca-Cola del desierto, raro, porque en el Costes suelen atender bien, o no con peor carácter que en cualquier restaurante normal de París, que cuando tratan bien la impresionada es una.

«Nieves», susurro. Ella levanta la barbilla, me mira, y sus ojos azules son de una calidez discursiva. Continúo: «Tengo, como ya sabes, una niña de 12 años, es muy alta, envueltita en carnes, no está gorda, pero tiene el pie grande, y aunque es preciosa, se la pasa contemplándose en el espejo y repitiéndose que es fea, ¿debo alarmarme?». Niega con la cabeza, lleva el pelo recogido, su piel es muy luminosa. Me pide que transmita un mensaje a Attys Luna, mi hija. «Pues no, no te preocupes, yo también, como cualquier adolescente, sufrí mucho a causa de mi físico. Es la edad de los complejos, pero yo le aconsejaría que disfrutara plenamente de esta etapa, que es el momento más hermoso de la vida, pasa demasiado rápido, acaba cuando apenas nos damos cuenta, y luego nos estamos arrepintiendo de no haber sabido atrapar los instantes de euforia o de melancolía que nos regaló esa época. Que no vaya demasiado deprisa, que aprenda a dosificar bien el tiempo, y un día podrá recordar esos momentos con mayor regodeo, cuando la belleza se haya instalado en el interior de ella.»

Hablamos de diferentes temas con naturalidad, ella no pone límites.Somos dos amigas que conversan, y se lo agradezco. La charla nos lleva incluso a otros mundos. Hubo muestras de solidaridad con el ciclón horrendo en Nueva Orleans, en Louisiana, ¿no tiene ella la sensación que tengo yo de que la gente se mostró más solidaria con el tsunami de Asia que con Katrina en EEUU? Ella no duda en explicar su punto de vista: «El mundo está terriblemente politizado, y para muchos ayudar a Asia era lógico, pero algunos creen que EEUU se tiene bien merecidas todas las desgracias del planeta. Estas afirmaciones de un puñado de irresponsables, que he escuchado desafortunadamente en más de una ocasión, me sacan de quicio, no entiendo cómo alguien puede declarar que se merecían el 11 de Septiembre y también el huracán Katrina. Sueltan esos comentarios sin pensarlo, automáticamente. Es despiadado, por supuesto. No sólo estoy en desacuerdo, sino que no admito que en mi presencia se hable en semejante tono, es espantosamente inhumano. Detesto que la gente confunda a las personas con los gobiernos».

Le cuento que una persona me comentó, en son de advertencia: «¿Vas a entrevistar a Nieves Álvarez? Ten cuidado, es amiga de Ana Aznar». Nieves se remueve en el asiento, parece que va a perder su compostura, pero no, regresa a la actitud natural de siempre, la sinceridad, que es uno de sus mayores atractivos: «No sólo soy amiga de Ana Aznar y de su marido, sino también de la familia Aznar.

La conversación gira en torno a mi exilio, a mi obra. Ella se interesa por la forma en que me las ingenié para escapar del castrismo. Cita uno de mis libros. Conoció a Ivelín Giró, trabajó con ella. Ivelín Giró es la modelo -hoy actriz- en quien me inspiré para escribir mi novela Milagro en Miami. El exilio es un castigo, musito. Sobre todo, porque no puedes vivir cerca de tus amigos de la infancia, y el lugar de tu infancia resulta imposible de revivir, como no sea en sueños, y, aun así, la mayoría de las veces se vuelve inalcanzable, lo has perdido todo, es un corte muy doloroso. Cambió el tema. ¿Cómo haces para ver a tus amigos, los ves a menudo? «Sí, intento no perder la conexión con ellos.» ¿Y de qué hablan, de ellos o de ti?

De todos, pero más de ellos.Mi vida es interesante, pero saber de ellos, de su evolución, para mí es una gran satisfacción, es vital. Mi vida no sería igual de agradable si no supiera que mis amigos están bien.

Por otro lado, Nieves mantiene una excelente relación con la prensa, y ha conseguido conservar la discreción, guardar el misterio.¿Cómo lo habrá logrado? «Cuando realmente estás ocupada, cuando andas viajando debido a tu trabajo y lo haces arduamente, y a la vez estás embebida en tus asuntos personales y familiares, el reconocimiento y el respeto siguen el curso que deben seguir, el de la normalidad. Lo único que he hecho es vivir de manera natural.» La cena termina temprano, ambas tenemos que madrugar al día siguiente. Para ella, levantarse a las 6 de la mañana es como beberse un vaso de agua, para mí es toda una epopeya.Nunca olvidaré el encuentro con Nieves Álvarez, una de las mujeres más bellas del mundo, por fuera y por dentro. Una mujer moderna, fina, sin necesidad de crear caos a su alrededor ni de choquear a nadie con extravagancias. Una mujer cuya calidez define su aureola poética.
Ahora que tengo un hijo no paro de pensar en el futuro.
Siento miedo, como cualquier madre.

Destaco sus pómulos con terracota
Beatriz Matallana, maquilladora de Nieves Álvarez para Astor
por Armando Pinedo
¿Cómo le gusta a Nieves que la maquilles?
Natural, con una base color porcelana. Le encanta que destaque los pómulos con terracota para lograr un aspecto bronceado.Los labios, en tonos neutros, y los ojos, sin sombras, aunque para las ocasiones especiales, como una fiesta, los resalto un poco.

¿Cuáles son los productos que utilizas con ella?
La base Antistress & Lift,
la terracota Natural Fit Sun Bronzer, la máscara de pestañas Lycra Extend y la barra de labios Color Last, todo de Astor. Y para las mejillas, siempre tonos rosados.
¿Qué consejos darías a aquellas mujeres que quieren llevar su look?
Rizar las pestañas y aplicar la máscara arriba y abajo, elegir tonos rosados para las mejillas y brillo transparente para crear unos labios muy sugerentes.

¿Qué truco de maquillaje te ha enseñado Nieves?
Maquillar muy bien las cejas, tanto con un pincel fino como con un lápiz, y siempre con pequeños trazos de color, pero que no sea muy oscuro. Lo mejor es elegir un tono similar al natural del propio pelo.

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