21 febrero 2010

¿Vale algún técnico para el Madrid?

La cuestión no es si Pellegrini vale para entrenar al Real Madrid, la gran pregunta es qué entrenador sirve para este modelo. Florentino Pérez llegó a afirmar a principios de temporada que históricamente el modelo del club es de jugadores y no de entrenador. Se refería, entiendo, al paralelismo entre el Madrid de Di Stéfano y el de la primera era galáctica, con Figo, Zidane y Ronaldo.
Una cosa es cierta y profundamente injusta a la vez: en el actual equipo blanco, las victorias son de los jugadores y las derrotas del entrenador. Pellegrini está sufriendo mucho en esta primera temporada y se está llevando el mismo número de palos que millones se ha gastado su club en fichajes. Lo de Alcorcón es injustificable. De acuerdo.
Lo de Lyon fue un mal planteamiento, acompañado de una falta de jerarquía y de espíritu de sus jugadores. Entre medias, el mayor ritmo de puntos de la historia del club a estas alturas de la Liga y la posibilidad de que el Madrid puede remontar en el Santiago Bernabéu el 1-0 de Gerland.
Las responsabilidades no se están repartiendo equitativamente. Puede que no sea el técnico para el Madrid, pero no se pueden ir de rositas ni los jugadores ni quienes alimentan una zozobra permanente en torno a la figura del técnico desde dentro del club.
El discurso otrora certero de Valdano se convierte en dardo envenenado hacia la figura de Pellegrini, como si la inexistencia de un segundo lateral izquierdo fuese también culpa del banquillo.
Igual que hay que reconocer a Florentino Pérez una capacidad de trabajo superlativa, una clarividencia para que el Madrid sea una máquina de generar ingresos (500 millones de facturación como objetivo) y una capacidad para ilusionar con sus grandes fichajes, debe entender que no puede volver a caer en los mismos errores deportivos del pasado.
El Madrid necesita un proyecto futbolístico consistente. Los grandes equipos se distinguen por tres factores: trabajo, espíritu, talento. El Madrid tiene mucho de lo último y menos de lo otro. Un club de primer nivel está obligado a definir el perfil del entrenador, estudiarlo en profundidad, conocer los entresijos de su manera de trabajar, de hacer trabajar a los futbolistas más de dos horas al día, saber si piensa en fútbol desde que se levanta hasta que se acuesta, su manejo de las estrellas, su apuesta por la cantera –lo peor que ha hecho Pellegrini es ningunearla–. Entonces, elegido el hombre, hay que respaldarle y dejarle trabajar. Allanar su camino. No se puede estar dando tumbos.
En su día se ninguneó el trabajo de Del Bosque. Craso error. Era capaz de bajar a la tierra el faraónico proyecto que tenía entre manos. Seguro que la próxima vez que Florentino decida que un técnico no siga sera por petición popular. Pero no hace falta recordar que, después de su marcha y la de Fernando Hierro, el Madrid se quedó sin referentes. Perdió el espíritu. Estuvo tres años sin ganar ni un solo título, algo que no había ocurrido en el medio siglo anterior. Si fichar a los jugadores es estratégico, fichar bien al que los dirige aún más. El entrenador nunca puede ser lo de menos.

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