21 abril 2012

Comenzando el final de una era

Ambos nacieron el mismo año (en 1947, con menos de un mes de diferencia), ambos han dirigido los dos teatros públicos más importantes de Madrid (el Centro Dramático Nacional, perteneciente al ministerio de Cultura, y el Teatro Español, del Ayuntamiento de Madrid) y ambos concluyen en este 2012 un brillante periodo de gestión que comenzó hace ocho años. 

Los caminos paralelos de Gerardo Vera (director del CDN hasta el pasado mes de enero) y Mario Gas (quien dejará el Español el próximo 30 de julio) no son sólo una cuestión de cifras. En lo referente a la calidad, pocos podrán discutir las extraordinarias aportaciones de ambos a la escena teatral española. Su apuesta por el riesgo sin olvidar los clásicos, su capacidad para internacionalizar los escenarios madrileños y la dinamización del entramado teatral que han llevado a cabo les ha hecho ganarse un lugar destacado en las crónicas culturales de la España contemporánea. 

Prueba de esta apuesta por la excelencia es el hecho de que cuatro de los cinco ganadores del Premio Valle-Inclán han estrenado sus montajes en ambos espacios. Angélica Liddell (El año de Ricardo), Juan Mayorga (La paz perpetua) y Francisco Nieva (Tórtolas, crepúsculo y... telón) en el CDN, y Nuria Espert (La casa de Bernarda Alba) en el Teatro Español. 

«Me quedan muchas cosas por hacer, pero me voy con la convicción de que un creador-gestor no debe estar más de ocho años. Es una cuestión de ideología», indica Gerardo Vera. «Tenía carrete para rato y podía haber programado otros ocho años. De hecho, si se viesen los proyectos que estoy preparando ahora, hay tres o cuatro muy CDN». Vera estrenó ayer su último montaje programado por él como director en el CDN, una versión de La loba de Lillian Hellman protagonizada por Nuria Espert. 

Por su parte, Gas dice afrontar sus últimos meses en el Español con «tranquilidad, alegría, coherencia y normalidad». Su salida del teatro municipal no ha estado exenta de controversias, con acusaciones de supuestos contratos blindados y una rueda de prensa el pasado 13 de marzo en el que anunció un adiós civilizado. «Estos ocho años han sido fantásticos», apunta Gas. «Hemos intentado trabajar en favor del teatro, de Madrid y del público. Por supuesto que hemos tenido aciertos y errores, pero según me cuenta gente de fuera que no conozco, este periodo ha sido muy fructífero. Nos encontramos con una sala cuando llegamos y hemos abierto otra nueva, así como dos nuevos espacios espectaculares en el Matadero. Nos vamos con la sensación de habernos dejado la piel y de haber trabajado bien», relata el director. «Y esta es la demostración de que no ha habido ninguna cosa rara ni ningún contrato blindado». 

Vera sostiene que «los teatros tienen que tener sangre nueva. Hay ahora una generación, con gente como Alfredo Sanzol o Miguel del Arco, que tienen que entrar en este juego para dar otra visión». Y se despide con una mezcla de satisfacción y nostalgia. «Mi tiempo se acabó. No quiero llevar más tiempo el peso de la administración, ni tampoco andar preocupado por cosas como el INAEM o los convenios colectivos. Quiero hacer mis funciones con mi amiga Nuria y mi amiga Amparo, tener tiempo para mi pareja, venir al teatro a ver cosas que no haga yo... ¿Que si repetiría? Pues sí, pero también lo acabaría otra vez». 

«Creo honestamente», apunta Gas, «que nos hemos dedicado a abrir fronteras y trabajar en pro del teatro. A partir del uno de agosto volveremos a la calle, en el mejor sentido de la palabra, y a hacer proyectos desde muchos lugares. Han sido ocho años muy enriquecedores y muy cargados de responsabilidades. Y quiero subrayar que hay algo más satisfactorio que tu propia carrera y es poder liderar un proyecto colectivo».

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