22 diciembre 2014

Hacia Santiago en un buen tren

Algunos dicen de los trenes turísticos de Renfe (Al-Andalus, Transcantábrico, Expreso de La Robla y Train & Breakfast) que son como un crucero sobre ruedas. No es exactamente así: primero, porque la atención personalizada y el clima que se crea entre los pasajeros y la propia tripulación llega a rozar lo familiar, muy lejos de las masificaciones habituales de los navíos. 

Segundo, por la consciencia de viajar en vagones históricos, tal y como ocurre en el Al-Ándalus, construido en Francia a finales de los años 20 para los desplazamientos de la familia real británica entre Calais y la Costa Azul. Y tercero, porque el tren, junto con sus pasajeros, duerme en la estación, lo que añade un plus de comodidad. 

El precio en suite doble ronda los 600 euros por noche. (renfe.com/trenesturisticos). A continuación desgranamos el día a día en uno de los itinerarios del Al-Ándalus, el que discurre por el Camino de Santiago.

Día 1. Por tierras leonesas

León es el punto de partida de esta ruta, ciudad donde no hay que perderse una visita a la Pulchra Leonina (la soberbia catedral del siglo XIII) ni una comida en Cocinandos (Campanillas, 1, tel. 987 07 13 78). La recepción en el tren, con champán y canapés, marca la tónica del viaje: lujo y amabilidad. 

Mientras se conocen los diferentes vagones sociales –el restaurante, el piano-bar– y se toma posesión de la suite (con diván de día, cama de noche y aseo con ducha y lavabo) se llega a Ponferrada y, de allí, en bus, a Castrillo de los Polvazares para comer, en Casa Maruja, el mejor cocido maragato de la comarca. Después, visita a Astorga, con su Palacio Episcopal, proyectado por Antonio Gaudí, y la catedral (siglos XIII-XVIII). 

Luego, a Ponferrada, con cena en el propio tren: un menú exclusivo y sorprendente. Y antes de dormir, nada como disfrutar de una copa en el piano-bar, de charla con el resto del pasaje.

Día 2. La Ribeira Sacra

Por la mañana se llega a Monforte de Lemos, punto de partida hacia la belleza paisajística de la Ribeira Sacra. La visita a una de las bodegas de la zona es obligada (como Regina Viarum, en Doade, desde cuyas instalaciones se observa, casi a vista de pájaro, el impresionante Cañón del Sil). 

Entre bosques de castaños centenarios accedemos al antiguo Monasterio de Santo Estevo, reconvertido en parador (parador.es/es/paradores/parador-de-santo-estevo), que cuenta con un moderno restaurante a base de productos gallegos. 

No podemos regresar al tren sin realizar una ruta en barco por el Sil, entre los murallones de su cañón, algo que nunca deja indiferente. Mientras se cena a bordo (una deliciosa vieira rellena, para no perder la perspectiva de la Ruta Jacobea) se llega a Orense, en cuya estación se pasa la noche, amenizada con música en el piano-bar.

Día 3. De Orense a Santiago

Bajo el suelo orensano corren aguas termales. Ya lo sabían los romanos, que construyeron las primeras termas (As Burgas) en pleno casco histórico y a orillas del Sil. 

La mayoría son de uso público, pero en los últimos años han abierto algunas privadas, más íntimas y con tratamientos personalizados, como los de Outariz (termasoutariz.com), donde incluso se puede reservar una zona privada con catering japonés. Tras esta relajante actividad, continúa la ruta hacia Santiago de Compostela. 

La capital gallega no es solo un enorme catálogo de arte en sus muchos edificios históricos (catedral, Hostal de los Reyes Católicos, Pazo de Raxoi, Monasterio de San Martiño Pinario, Colegio de Fonseca…). También es una ciudad muy viva repleta de tiendas, restaurantes de alta cocina (también tradicional) y terrazas tan agradables como Ferradura, en pleno parque de la Alameda, uno de los mejores miradores a la ciudad monumental.

Día 4. Las Rías Bajas

Tras la noche en Santiago, el tren continúa hasta Vilagarcía, y de ahí al puerto de O Grove, para conocer, a bordo de un barco, las bateas (donde se crían mejillones, ostras y otros moluscos) y los bellísimos paisajes de la célebre ría de Arousa. Marisco, mar y playas aparte, las Rías Bajas son muy populares porque aquí se produce uno de los mejores vinos blancos del país: el Albariño. 

En torno a Cambados se ubican buena parte de las bodegas. Y no muy lejos de allí, una referencia de la alta cocina gallega: Casa Solla (restuarantesolla.com), que luce una bien merecida estrella Michelin. El recorrido sigue hacia Pontevedra, pequeña capital de provincia asomada a la ría a la que da nombre y con un atractivo casco histórico. Tras la visita, el Al-Ándalus toma rumbo a La Coruña.

Día 5. La Coruña


De la Plaza de María Pita a la Torre de Hércules (el faro en activo más antiguo del mundo) y desde la playa de Riazor al Obelisco Millenium, sin olvidar las casas en galería de la Avenida de la Marina. La Coruña es una de las ciudades más atractivas de Galicia. 

Y por su corazón marinero tiene lugar la última excursión de esta ruta jacobea del Al-Ándalus, antes de la última comida a bordo y del viaje que devuelve a los pasajeros al punto de partida.

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