04 octubre 2017

Si Galileo levantara la cabeza

Si Galileo levantara la cabeza y viese como podemos observar ahora los recovecos del sistema solar y sus alrededores, quizá considerase algo ridículo su telescopio, inventado en 1610. Sin embargo, gracias a este artefacto, ha sido posible toda la evolución de la fotografía espacial y también la muestra de 165 imágenes presentadas por La Caixa y la Comunidad de Madrid en la Casa de la Cultura de Alcobendas.

«Planeta Viajero» da un repaso al desarrollo de la fotografía espacial desde su nacimiento, hace 25 años, desde los Ranger (1964-65) las primeras naves espaciales equipadas con cámaras, hasta los más modernos sistemas de captación de imágenes en el espacio.

La exposición también muestra un mini planetario para 15 personas, especialmente pensados para el público infantil y que puede visitarse hasta el próximo 22 de febrero. Una voz en off, que simula la del propio firmamento, relata los cambios producidos durante la noche en ese cielo artificial.


FOTOGRAFIA ESPACIAL.- «Gracias a la fotografía espacial sabemos más de nuestro propio planeta, como los lechos de ríos que yacen bajo las arenas del desierto sin nosotros saberlo, o la topografía singular de nuestros océanos. De lejos se ven cosas muy singulares que no se aprecian a simple vista», cuenta Carlos Shanabel, coordinador de la exposición.
Las primeras fotografías espaciales se deben a la saga soviética de sondas lunares Lunik, cuyo tercer ingenio el Lunik 3, fue capaz de tomar imágenes de la cara oculta de la Luna en octubre de 1959, poco antes de estrellarse contra su superfice.

Los soviéticos prosiguen en los setenta sus misiones lunares con los Lunik, que llegaron a aterrizar sobre el satélite y analizar la composición química del suelo, mientras los estadounidenses se devanaban los sesos para desarrollar el programa Surveyor. Estas nuevas naves pudieron obtener vistas panorámicas en color de la superficie mediante una cámara de televisión.
Marte es, sin duda, uno de los planetas que más ha acaparado la atención de los científicos. Tras dos intentos fallidos, el Mariner 4 transmitió en noviembre de 1964 los sorprendentes cráteres del planeta rojo, que empezaban a anunciarse como un lugar sin vida. Fue la sonda Mariner 9 la que logró mejores resultados, enviando 7.329 imágenes de la superficie del planeta y de sus dos satélites Deimos y Phobos.

OBSESION MARCIANA.- En plena obsesión marciana (1972), sobrevino el interés por el planeta Mercurio. Los astrónomos de Estados Unidos quisieron retar al calor de las radiaciones solares y enviaron la sonda Mariner 10 al planeta más cercano al Sol. Logró acercarse a 327 km. de su superficie y enviar un interesante material gráfico.

«Las misiones de los Voyager han sido las más rentables para la NASA», explica Shanabel, que asegura que aún hoy algunas naves de exploración de planetas gigantes siguen enviando información desde fuera del sistema solar. Este interés por Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno se incrementa a finales de los 70.

Las naves viajeras Voyager, que recogieron el testigo de las estaciones automáticas Pioneer, estaban dotadas con un sistema de transmisión de datos muy rápidos. En tan sólo 48 segundos eran capaces de descomponer imágenes formadas por 800 líneas. A ellas se debe el descubrimiento de los grandes anillos de Júpiter, que resultaron ser mucho menores que los de Saturno, y sus numerosos satélites.
Saturno y Urano también han sido retratados por las andarinas estaciones Voyager, ya en la década de los ochenta. Para llegar a ver los diez anillos de Urano o las montañas de su satélite Miranda, Voyager 2 tuvo que recorrer una distancia 19 veces superior a la que hay de la Tierra al Sol.

1986 fue el año del cometa Halley y, cómo no, se lanzaron varias misiones para saber más de este extraño visitante. La sonda soviética Vega 1, la japonesa Suisei 1 o la europea Giotto, que llegó a 540 km. del núcleo, nos dibujaron el oscuro rostro de Halley. El núcleo negro del cometa sorprendió a los investigadores, que habían previsto que Giotto dirigiera sus sensores hacia las partes más brillantes del cometa, pensando que se hallarían en la zona central.

El moderno telescopio espacial no ha podido superar según sus expertos la calidad de las fotografías espaciales robadas por las sondas y naves que pululan por el espacio desde que hace más de 30 años el primer Lunik se topara con la Luna y nos mostrara su cara oculta.

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