22 septiembre 2012

Amigos fabulosos


Hay chicos con imaginación tan fabuladora y necesidad tan grande que se inventan amigos como de carne y hueso, con todo lo que hace falta, pero invisibles. Los adultos llegan a alarmarse, y temen que el niño esté loco. Aiguna vez tendré que pararme con esos niños, a ver si me lo quieren contar, para hacer el psicoanálisis de la amistad infantil, o sea, de cómo y por qué surge el invento del amigo. 

Y hay tantas preguntas, Buhíllo. ¿Te acuerdas de cuál fue tu primer amigo? Mucha gente no sabe si ama, pero creo que todo el mundo distingue si tiene un amigo y si es verdadero. Se reconoce mejor la amistad que el amor, me parece a mí. Hay amistades que duran toda la vida; y amistades intensas que, de pronto, sin saberse por qué, se quiebran. Están las tardías, que son escasas y de mucho respeto. Y la amistad total, enamorada, inextinguible, fiel, por encima de razones: la amistad como fe. Hay quienes nos profesan amistad unilateral, ya que no la pretendimos ni la respondemos. A veces, es un hallazgo; otras, tardamos en darnos cuenta de que un amigo camina a nuestro lado. En verdad, no puede haber amistad mala, sino falsa. Mirando hacia atrás, me da mucha pena evocar, Buhíllo, las amistades brindadas que no supe recoger, o reconocer. Vaya si me extiendo, para decirte, al fin, que, entre los amigos de fábula, hay también aquellos que los expertos en ficción inventan para los niños, adoptando éstos sólo a algunos, por algo será. 

Y, entonces, nos acompañan para siempre, como buenos espíritus protectores, esos personajes de libritos que disfrutamos hace muchísimos años, y que se metieron en nuestra alma como si hubieran vivido realmente. Te confieso, Buhíllo, que mi amigo imaginario de cuando yo era chavea (o sea: Málaga, y yo con siete u ocho años) se llamaba Tim, y me llegaba ávidamente al kioskillo (Santa Lucía esquina Granada), mediante una entrega de cómic cada semana, en forma de una tira breve, alargada, poco más grande que un billete de avión, primera cosa que mi padre me encuadernó, en tres tomitos, que dónde estarán. Era Tim un chaval solo y viajero, metido en búsquedas que no recuerdo. 

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