02 marzo 2012

El sueño del poder

Aunque la bandera roja lleva más de una década sin ondear en el Kremlin, las recientes revueltas callejeras, la crisis mundial del capitalismo y el desgaste del candidato Vladimir Putin han permitido a los comunistas rusos volver a soñar con el poder.

Los comicios parlamentarios del pasado diciembre ya dieron una alegría a su eterno candidato, Guennadi Ziuganov, principal beneficiado en votos por el desencanto provocado por el propio Putin cuando el primer ministro anunció en septiembre su intención de volver a intercambiar su puesto con el actual presidente, Dimitri Medvedev. 

Los comunistas -que siempre quedan en segundo puesto pero muy alejados del partido gubernamental Rusia Unida- duplicaron entonces su apoyo popular al llegar casi al 20%. El partido oficialista, por contra, se quedó por primera vez con menos de la mitad del voto popular, un 49%, y acabó sufriendo una sangría de diputados. 

Las encuestas de estos días dan por segura la victoria de Putin en las presidenciales del 4 de marzo. Pero aunque la mayor parte de los sondeos hechos el mes pasado le otorgan algo más de un 50% de los votos, otras encuestas le atribuyen un respaldo más modesto, que requeriría de una segunda vuelta el 25 de marzo. Ésa sería la oportunidad de la desunida oposición y de los comunistas, cuyo candidato aparecería -al menos durante unos días- como el único oponente del hombre que lleva 12 años al timón del país.

Putin ha aprovechado para advertir sobre los peligros de una eventual segunda ronda, diciendo que llevaría a una «desestabilización de la situación política» que ahora mismo domina su partido, Rusia Unida. El segundo lugar en los sondeos corresponde a Ziuganov, que oscila entre un 15% y un 11%, seguido del líder del Partido Liberal Democrático, Vladimir Zhirinovski (9%), del jefe del socialdemócrata Rusia Justa, Serguei Mironov (6%), y del empresario Mijail Projorov (4%). 

Con el eco de las protestas en favor de una democracia real en la calle no parece que un comunista de la vieja guardia y enemigo de Gorbachov sea el mejor candidato de la nueva generación de descontentos en busca de una primavera rusa. Sin embargo, el abanico de opciones electorales es tan reducido que es habitual encontrar dentro y fuera del movimiento opositor a personas dispuestas a votar a «cualquiera menos a Putin». Y esto incluye entregar la papeleta a un ex jerarca soviético partidario de nacionalizar los recursos naturales y de apostar por la agricultura y la industria pesada como en los viejos tiempos. Tanto que Ziuganov pidió en su día una «estalinización» de la sociedad. 

«Ni mis padres son comunistas ni yo lo soy», explica en un pulcro inglés Ilya, recién graduado en la universidad y con estudios en el extranjero. Durante los últimos meses ha salido a la calle para reclamar una democracia «como las de Occidente». Está convencido de que «Putin está acabado» y dice que toda su familia votará por Ziuganov en caso de que haya segunda vuelta. Alexei, unos años mayor que él, acaba de volver desde Londres para vivir en primera persona los cambios que se avecinan en su país: «Ziuganov no tiene cualidades para ser presidente», responde cuando se pone encima de la mesa el nombre del líder comunista.

¿Pero si el líder comunista fuese la única opción contra Putin en un duelo de uno contra uno? «Sólo de pensarlo me dan ganas de vomitar», afirma antes de quedarse callado unos segundos y completar: «Claro que si eso pasase votaría por Ziuganov, creo que hasta él se da cuenta de que su función sería ser un líder de transición y organizar unas elecciones de verdad». 

Los padres de Alexei sí son comunistas. Añoran la protección de la Unión Soviética y detestan la subasta de la riqueza nacional que llevó a cabo Boris Yeltsin en los años 90.

Aunque algunos líderes rojos han sido abucheados en las marchas de estos días, algunos nostálgicos de Stalin creen llegada la hora de ganar peso político en el reparto de la tarta del poder o incluso en un Gobierno de coalición. Otros, como el ex asesor del Kremlin Gleb Pavlovsky, opinan por el contrario que buena parte del voto disconforme que atesora Ziuganov se evaporaría si el líder comunista tuviera a su alcance la Presidencia en una segunda vuelta.

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